24 noviembre 2009

Los ejércitos del limbo


Hay una leyenda centroeuropea que habla del día en que se levantan los muertos para ir a la guerra. Cuando todo lo demás está perdido resuenan en los desfiladeros de las montañas los cascos de sus caballos y el mundo entero se aterroriza ante el paso de esta hueste de fantasmas con espada.

Con el tiempo, cuando el momento sea propicio, pronostico que se acuñará otra leyenda: la del día que regresen todos los no nacidos para formar el ejército del limbo, un ejército de espectros encogidos, con pequeños brazos y piernas cercenados, y venillas azules recorriendo su cuerpo diminuto y encogido. Y no llevarán consigo espadas, ni armaduras: sólo preguntas.

Y de entre todas esas preguntas una será más temible: ¿por qué?

Y les responderán con un código en la mano. No con la ciencia, porque todos sabemos ya a estas alturas que un ADN independiente y distinto significa una vida independiente y distinta, sino con un código legal que los designó para morir a ellos como otros códigos anteriores señalaron a los armenios, a los moriscos, o a los judíos. Las leyes tienen estas cosas, les dirán: pueden convertir en lógico y necesario matar a cualquiera.

Os mató vuestra madre, habrá que responderles, con el consentimiento además de quienes estaban obligados a protegeros, y el aplauso y la colaboración de los que juraron trabajar y estudiar para defender vuestra vida. Vuestras madres, los gobernantes de vuestro país y vuestros médicos fueron vuestros verdugos. Ni siquiera Cristo tuvo tres traidores en su cuadrilla, pero ya veis: mala suerte. Eso habrá que decirles.

Por eso el día que regresen todos esos niños que no nacieron a preguntarnos “¿por qué?” será mucho más espantoso que cuando vuelvan los ejércitos del Brocken. Porque el ejército de los muertos se levantará para la última guerra, según la leyenda, pero los ejércitos del limbo se levantarán solo para pedirnos cuentas y quizás se nos aparezcan cuando la ley, una ley cualquiera, haya cambiado para señalarnos a nosotros como la víctima siguiente.

Miles, cientos de miles, millones de espectros se añaden cada año en el mundo entero a ese ejército de víctimas inocentes que desacreditan a Occidente, su democracia y su defensa de los Derechos Humanos. ¿Cómo no se van a reír de nuestras protestas otras culturas cuando los acusamos de azotar a sus ciudadanos si nosotros consentimos que se asesine a los indefensos?

Por esa herida se nos escapa la razón, la fuerza moral, y el derecho a exigir a los demás lo que nosotros no cumplimos.

Pero permitidme que crea en la leyenda aún no nacida: los ejércitos del limbo esperan el momento de hacer su justicia y vendrán tarde o temprano a hacerla. En forma de vejez solitaria, de pensiones impagables o de nuevos verdugos aún imposibles de prever.

A todos los que consienten, alientan, promueven o toleran esta descomunal matanza los señalo como enemigos de esta hueste.

A todos los que consienten, alientan, promueven o toleran esta carnicería se los deseo como fiscales y jueces si hay un Juicio Final.

¡Horridoh!

21 noviembre 2009

Caldo de gallina (o huevo de oro)


Planteado como se plantea en el título, el menú no parece complicado, pero si se añade la circunstancia de que el caldo de gallina es para hoy y el huevo de oro no se sabe cuando lo volverá a poner la gallina, quizás la cosa cambie.
Esa es la pregunta que parece se están haciendo las comunidades autónomas sobre la fusión de las cajas de ahorros. Si no supiésemos cómo funcionan en realidad las cosas pensaríamos que no puede ser que los gobiernos autonómicos anden poniendo zancadillas al rescate de las entidades financieras donde su gente tiene depositados sus ahorros.
Eso, repito, sería si no conociésemos el percal, pero como sabemos de qué va la cosa, fuera del palabrerío hueco con que inundan los códigos legales, las declaraciones públicas y las entrevistas, no nos extraña nada. Nos parece hasta normal.
Muchas cajas de ahorro están pasando por grandes dificultades, algunas por prestar a quien no debían haber prestado, otras por meterse en aventuras financieras poco o nada acordes con su carácter de entidades sociales, y otras, hay que decirlo con claridad, por regalar dinero a los partidos políticos, a los que les prestaban fondos para sus campañas y otros merengues sin llegar a reclamarles nunca la devolución de esos préstamos.
Como las cajas de ahorro son entidades donde muchos millones de españoles han depositado sus ahorros, gobierno y oposición, por una vez con buen tino, se han puesto de acuerdo para rescatarlas e impedir que se vayan al carajo como sin duda harían si no se les echara una mano. Todo parece lógico y cabal, pero las comunidades autónomas se oponen ahora a que se puedan fusionar cajas de distinta comunidad y en un caso concreto, el de la posible unión entre Caja Murcia y Caja Sur, el gobierno andaluz impidió la operación oponiendo su veto a esta fusión.
Digan lo que digan y cuenten lo que cuenten, la razón es clara: los gobiernos autonómicos saben que permitir que dos cajas de distintas comunidades se fusionen dejaría el dinero y el poder fuera de sus manos, y antes que permitir que la gallina de los huevos de oro se les escape, prefieren hacer un caldo con ella y sacarle lo que puedan, aunque sea en forma de jubilaciones e indemnizaciones, que pagaremos todos, para los afines, los sobrinos, y otros arrimados.
Los gobiernos autonómicos están dispuestos a llevar a las cajas a la quiebra antes de ver cómo se les escapa la posibilidad de nombrar cargos a dedo, autoconcederse préstamos que nunca devolverán y elegir a quién se le ayuda dándole un crédito y a quién se machaca cerrándole el grifo.
En la hora de la necesidad es cuando se sabe dónde están los amigos. Y en esta hora de necesidad estamos viendo también qué son en realidad y para qué sirven algunos consejos de administración de ciertas cajas de ahorros: pesebres a nuestra costa.
El menú está claro: si no hacemos algo para impedirlo, pedirán caldo.

03 noviembre 2009

El triunfo de la certeza


Se me ocurrió este título para el artículo al ver que al teclado con el que siempre escribo se le había averiado la X. Y certezas son las que nos quedan cuando desaparecen las incógnitas, ¿no?
Certeza es, por ejemplo, que el otoño va a resultar movido, por mucho que los sindicatos cierren filas ideológicas en torno a un gobierno supuestamente de izquierdas, que se ampara más en unas siglas conocidas que en un programa para sustentar el progresismo de su programa. Porque si progresismo viene de progreso, y así lo creemos todos, ¿desde cuándo fue compatible el progreso con los anunciados recortes presupuestarios en investigación y desarrollo?

Certeza es también que al desempleo le queda mucho aún por aumentar, porque a medida que pase el tiempo se irán agotando las reservas financieras de las empresas que siguen sin ver renovadas sus líneas de crédito. Los bancos están prestando dinero otra vez, pero por si no lo sabían, es conveniente remarcar que casi ocho de cada diez euros que los bancos prestan los están dando a instituciones públicas para financiar los descomunales agujeros presupuestarios que provoca la política de “dinero para todos y el que venga que arree”.

El desempleo aumentará, ciertamente, cuando se vayan concluyendo las obras que se iniciaron hace un par de años y no se han concluido todavía, y cuando la subida de impuestos apriete la soga un poco más allá del punto crítico a muchos pequeños empresarios y autónomos que están ya al borde de la asfixia.

Porque certeza es también que los impuestos nos los subirán a todos, y mucho, a pesar de la táctica cainita de esperar que nos alegremos del sablazo porque se los suban más a los ricos. Y quizás sea cierto: se los subirán más a los ricos, pero a ellos les dolerá menos esa subida de lo que nos dolerá a los demás la nuestra. Pero si somos tan tontos, o tan miserables, como para alegrarnos de que otro se quede tuerto aunque a nosotros nos dejen ciegos, pues no nos merecemos otra cosa.

El IVA, que subirá, lo pagamos todos y a todas horas; los cuatrocientos euros de la vergüenza que nos dieron antes de las elecciones y que ahora desaparecen, también nos los quitan a todos, y las deducciones fiscales que se suprimen, nos las suprimen también a todos. ¿Qué nos importa que el gana más de ocho millones al año pague un tres, o un cinco por ciento más de lo que estaba pagando, si ese tío va a andar tan sobrado como hasta ahora?

Nada. No nos importa nada. Porque el rico sabe hacer valer su riqueza para contratar a quien le haga pagar menos, y mejor para todos que sea así, porque desde que estamos en la Unión Europea, el rico puede muy bien coger todo su capital y marcharse con los euros a otra parte, cerrando sus empresas de aquí y abriéndolas en otro lado, o en ninguna parte.

Esa es otra certeza, la última: que si espantamos al que tiene algo somos como el tendero que espanta a los clientes que pueden comprarle su mercancía. Y tenderos tan tontos como para hacer eso, hay pocos. Pero políticos que lo hagan, por lo visto, sobran.

30 octubre 2009

El negocio de la nostalgia


No sé si es bueno o malo, pero el otro día vi un anuncio, uno más, de los muchos que ofrecen reposiciones nostálgicas de viejas series televisivas, y se me ocurrió que ese negocio, tan floreciente hoy en día, está abocado a desaparecer en pocos años.

Lo cierto, y lo saben igual que yo, es que con la sequía creativa, el miedo a invertir en nuevos valores, y el daño que hacen las descargas de internet a los fabricantes y productores de contenidos, la reposiciones, antologías y selecciones ocupan cada vez más espacio en las estanterías de las tiendas y los anaqueles de los kioscos.

El negocio de la nostalgia es más prometedor cuanto más feo es el momento presente, pues si se dice, en cualquier caso, que cualquier tiempo pasado fue mejor, con más motivo es mejor ese tiempo cuando además de ser más jóvenes teníamos más dinero en el bolsillo. Además, y tampoco conviene perder esto de vista, el negocio de la nostalgia se orienta hacia los consumidores que hoy están en edad de tener un sueldo, y no a sus hijos. ¿O se creen que los anuncios de la abeja Maya, Vickie el Vikingo o Mazinger Z se hacen para que esos dibujos animados les gusten a los niños de ahora?

Los niños de ahora, como los de siempre, quieren ver lo que ponen en la tele y lo que pueden hablar y comentar con sus amigos. Lo que pasa, y eso no sucedía antes, es que ahora hay veintitantas cadenas de televisión y es mucho más difícil coincidir en gustos con el resto.

Cuando los que tenemos cerca de los cuarenta años veíamos al tele, había una sola cadena, y luego dos, y así compartíamos todos, por fuerza, gustos y mitologías.

Dentro de unos años, cuando tengan nuestra edad los que ahora son niños, el negocio de la nostalgia será una ruina, porque no habrá ninguna serie o programa que viesen veinte millones de personas a la vez, y sólo esa clase de productos, los que marcan una época por la amplitud de su audiencia, pueden ser interesantes para este mercado.

¿Y me preocupa este fenómeno? Pues no, o al menos no en sí mismo, pero sí como síntoma, o como ejemplo suave de otro mucho más profundo y también mas grave. Lo que me preocupa o me induce a reflexionar es la destrucción, lenta pero inexorable, de todo lo que es una mente colectiva. Las sociedades se destruyen y se convierten en asociaciones cuando desaparecen las ideas, los iconos, las creencias y los proyectos comunes, y en España llevamos ya años en un proceso de desintegración que no parece tener final.

Nadie duda que en la abundancia de opciones estriba la verdadera libertad, pero cuando la libertad se convierte en atomización, les sucede a las naciones y a las sociedades como a los pasteles: que cuando tienen un tamaño aceptable son un postre, una golosina, y hasta un lujo, pero cuando se parten en pequeñas migajas se convierten en otra cosa.

¿Y que es un pastel troceado en dos mil migas? Basura, por supuesto.

28 octubre 2009

Pantanos y canales


El presidente Zapatero acaba de anunciar que nos subirá, de un golpe y sin anestesia, un cinco por ciento los impuestos. Puede haber por ahí algunos incautos que aún piensen que realmente esta subida afectará sólo a las rentas mas altas, pero lo cierto es que los ricos son ya una especie tan rara en este país que no interesan como fuente de ingresos, y menos a un gobierno que lo que quiero es mucho dinero y fácil de recaudar.

Los datos son bien claros: casi el veinte por ciento de los españoles está en el paro, y del resto, un sesenta y siete por ciento cobra menos de mil euros al mes. Si a eso unimos que el que verdaderamente tiene algo sabe todas las maneras de ocultarlo, y le sale más barato contratar un abogado o llevarse el dinero a Portugal que pagar lo que le piden, el cóctel está servido: pagaremos los de siempre.

Desde el Gobierno tratarán de disimular el verdadero impacto de la medida subiendo algo más a las rentas más altas, pero la idea principal, y si no, ya lo verán, es subir el IVA, que lo pagamos todos cuando vamos a comprar, lo mismo si compramos angulas que si compramos chicharros. Quitarán o reducirán las deducciones por maternidad, o por enfermedad, o por compra de vivienda, elevarán las tasas de todo lo que nos oferte la administración y tratarán de echar los dientes a donde haya carne. Y la carne está, por supuesto, en las partidas que afectan a ocho, diez, o quince millones de personas, y no en las que afectan a doscientos mil, que además pueden arramblar con todo para el extranjero.

Y el caso es que es un error. Un error de bulto y de concepto que además de sacarnos los cuartos va a ser para peor. Porque en los malos tiempos tenemos que apretarnos todos el cinturón y arrimar el hombro, vale, peor la primera que debería hacerlo es la administración, en vez de contratar a ciento y pico mil funcionarios en un año.

La idea que maneja la ministra es de suspenso en empresariales. El gasto público hace subir el empleo, sí, porque es un estímulo a la demanda, pero debe abordarse en segundo lugar, no en primero.

Esto es como los canales de riego y los embalses. Los incentivos al consumo, que son los subsidios y los dineros que va dando ZP para que haya obras en los pueblos, serían los canales; y los estímulos a la inversión, que consistirían en dar facilidades a los empresarios para poner más empresas y que contratasen a más gente, serían los embalses.

Lo que esta gente no parece ver es que los embalses sin canales sirven para poca cosa, porque sólo pueden regar unas cuantas hectáreas cerca de la presa y junto al cauce del río, pero los canales sin embalse, que es lo que está haciendo este gobierno, no sirven de nada salvo para tirar el dinero. Y para hacer ricos a los constructores de canales, por supuesto.

Pero a lo mejor va de eso la cosa.

26 octubre 2009

Un barco muy especial



A zapatero se le ve cada vez con más ojeras y también con menos efectivos en su ejército de salvadores de la patria. Los pilares de su proyecto, y quizás de todo su partido, hace tiempo que se han ido retirando, unos discretamente, y otros con mayor estrépito. Ahora, el edificio entero depende casi exclusivamente de la levitación, y la levitación, como es sabido, depende de la fe. Y con la mala no basta.

¿Qué fue de Nicolás Redondo Terreros? Desapareció, sustituido por un personaje más ecléctico, menos socialista y menos claro que pudiese llegar a Lehendakari. ¿Qué fue de Maragall? Sustituido pro Montilla, que a fuerza de andaluz es más enemigo de la idea de España que ningún nacionalista autóctono. Al converso siempre le sucede así. ¿Qué fue de Vázquez, eximio alcalde de La Coruña y voz discordante, en nombre del sentido común, en el coro de necedades de su propio partido? Embajador ante la Santa Sede, nada menos. ¿Qué fue del siempre sincero e incómodo Rodríguez Ybarra? , ¿qué fue de Pepe Bono?, ¿Qué fue de Solbes?

No sigo para no aburrirles, pero en el Partido Socialista se están quedando solamente con los mindundis. Se quedan con gente sin peso, sin ideas, sin ninguna capacidad de análisis mientras van deshaciéndose de las personas que podrían tener alguna idea, y quizás alguna idea propia, sobre cómo llevar el país a una solución que además de ideológicamente atractiva fuese realizable en la práctica.

La última espantada, la de Jordi Sevilla, asesor económico del Gobierno, nos hace pensar que nadie quiere ver ya su nombre asociado al desastre que se avecina. Los fracasos queman el prestigio de un político lo mismo que los incendios forestales asolan el monte, y todo el mundo sabe que haber participado, aunque sea de lejos, en según que operaciones, puede suponer la muerte política, con todo lo que eso apareja de pérdida de posibles presidencias de cajas, consejerías de empresas públicas, euroescaños, eurcomisiones y otras jubilaciones doradas.

Las soluciones que propone el gobierno para la crisis son, incluso para los dirigentes del partido, como las soluciones que ofrece la Iglesia para el exceso de población: teoría, doctrina y mucha fe. Sus remedios para la falta de trabajo son danzas de la lluvia combatiendo la sequía, y ante ese panorama, los que creen que podrían tener una oportunidad más adelante o en otra parte, se alejan de los iluminados antes de que les contagien la fama que vendrá.

¿Quienes se quedan? Pues como en todas partes: los que nunca se vieron en otra. Los que saben que ni en cien vidas se les repetiría el golpe de suerte de haber llegado al puesto al que han llegado, los que saben que cualquier cambio que les suceda tiene que ser para peor, y los que se han convencido, o sospechan, que pase lo que pase el caso es aguantar días semanas o meses, porque lo que no se ha hecho no puede hacerse, ni se va a hacer. Y el que venga detrás que arree.

Dicen los marineros que en un naufragio las primeras que huyen son las ratas. Pero reste es un barco curioso y ya no estamos al principio del naufragio: huyeron hace tiempo las ratas, huyen ahora los marineros y quedan sólo las cucarachas.

14 octubre 2009

-Lista de bancos en quiebra en EEUU

-Lista de bancos en quiebra en EEUU

Esto creo que se comenta solo. Con mirarla, basta para decir todo lo que hay que decir...

El mercadillo del miedo


Qué curioso: todo el mundo quiere vacunarse contra la gripe, menos los médicos y las enfermeras.

Quizás lo hayan leído u oído ya, pero en medio de este bombo y platillo constante que se da a una enfermedad que, reconocidamente, es menos mortal que la gripe común de todos los años, parece que el principal grupo de riesgo, que va a estar en contacto con los infectados, no se anima mayoritariamente a inmunizarse. En las diversas encuestas que se han realizado entre el personal sanitario de varios países, menos de la mitad de estos profesionales dijo estar dispuesto a que le clavasen la aguja. En España no se vacunan normalmente ni 30 % y este año no parece que vaya a aumentar mucho la cifra.

¿No les parece raro? Lo parece, sí, pero si se piensa un minuto seguido, no lo es. Ellos, mejor que nadie, saben cual es el impacto previsible de esta enfermedad, y ellos, mejor que nosotros, saben que una vacuna probada a toda prisa puede ser más peligrosa que una enfermedad que, en sí misma,

no resulta más amenazadora que lo que quieran hacerla parecer desde los medios de comunicación.

Y perdonen que me lo tome así, ¿pero cuánta gente muere cada año de la gripe común? Muchos miles, en todo el mundo. Según las cifras oficiales, sólo en España mueren cada año tres mil personas de la gripe común. En su mayoría, son gente que tenían otras enfermedades que se vieron agravadas por esta dolencia. Les suena, ¿verdad?

Y si cada año mueren tres mil personas de gripe, y nadie y habla de ellas, porque ni ustedes ni yo hemos visto nunca un telediario dedicado a una de esas víctimas anuales, ¿cómo es posible que ahora se haya montado el cirio que se está montando por una supuesta epidemia que lleva once, trece o quince muertos?, ¿tendremos que vacunarnos también contra el andamio, que mata a mucha más gente?, ¿o contra los atracones de Nochebuena?

Por supuesto, si nos toca a nosotros o nos toca cerca, nos jorobará igual que sea uno que sean ciento, pero no es serio hablar de una epidemia mundial cuando la incidencia y la mortandad de esta supuesta gripe catastrófica es menor que la de cualquier año.

¿Se acuerdan de la gripe aviar?, ¿se acuerdan del jaleo que se montó? Anunciaban millones de muertos, ¿lo recuerdan? Pues al final, cincuenta muertos en todo el mundo, que parece mucho, pero en realidad son los mismos que pueden morir al año de un ataque agudo de caspa, devorados por los loros, atropellados por un triciclo o cualquier otra rareza similar. Cincuenta de gripe aviar, frente a ochocientos mil de la normal. Pero la normal no sale en la tele.

No es de extrañar que los médicos y las enfermeras, que saben de qué va la cosa, prefieran que nos pinchemos usted y yo. Para ir probando.

Lo normal sería que las autoridades dijesen que el que se haya vacunado otros años por ser persona de riesgo, que se vacune también este año. Y el que no, que haga lo que quiera, como siempre. Pero el caso es armar revuelo para que no se hable de lo que no interesa a algunos.

Cuando unos quieren vender la vacuna y otros comprar el silencio, el mercadillo está montado. ¿Hace falta decir más?

10 octubre 2009

Pasarse a la resistencia


Dice la ministra de economía que va a revisar todos los impuestos, y nos decimos nosotros, creo que todos, que no será para bajarlos, sino para ver cómo puede echar mano al ya escaso contenido de nuestras pobres carteras.

La idea que este gobierno tiene de lo que es la distribución es la misma que podrían tener en un hospital donde le extrajesen sangre a los sanos para ponérsela a los moribundos, sin detenerse a pensar otro tratamiento ni ver si los moribundos mejoran o simplemente están arrastrando con ellos a la tumba al resto. La solidaridad con el enfermo lo es todo. Si cura o no cura, carece de importancia.

Por lo visto, la cosa es correr hacia adelante con entusiasmo, como el caballo que arrastra un pesado carro cuesta abajo, y cree que mueve el carro, cuando es el carro el que lo mueve a él, porque al caballo le faltan fuerzas para detenerse en esa pendiente.

Y este caballo, o este rucio, no puede. Las circunstancias, la mala previsión, la organización nefasta, el querer quedar bien con todos y repartir lo que no se tiene, el comprometer lo que nunca se llegará a recaudar y el convencimiento de que cuantos más pobres seamos más fáciles seremos de manejar y de amenazar, han hecho el resto.

Amigos, ha llegado la hora de reconocer que las leyes no las hacemos nosotros ni las hacen para nuestros intereses. Ha llegado la hora de pensar que vivimos en un país ocupado por vete a saber qué potencia enemiga y que lo más honrado y valeroso es pasarse a la resistencia.

Cada cual en su puesto, y cada cual en su lugar y su hora, tenemos que movilizarnos de algún modo, pero es imperativo que el enemigo no recaude fondos con que seguir pagando sus ejércitos mercenarios. Cada cual como mejor sepa, hay que esconder la cartera, sacar el dinero del banco para meterlo bajo una teja y llegar si hace falta hasta la R en el abecedario de las contabilidades paralelas. Hay que hacer lo que sea para que no vean un duro. Lo contrario acabaría con nosotros.

Es triste, pero cuando en un país se convence a los ciudadanos de que ser honrado y cumplidor de las leyes es la mejor manera de irse a tomar por el saco, de que la Sanidad la tengan otros, la justicia sea siempre para otros y acabemos pagando siempre los mismos, no queda más remedio que echarse al monte, aunque sea mentalmente, y buscar la manera de escapar del esquileo.

Porque hay una cosa cierta: el día que no haya ya con qué pagar tanto subsidio, tanta peonada, tanta leche en vinagre como está saliendo de nuestros bolsillos, entonces tendrán que marcharse o cerrar un poco la mano.

Las subidas de impuestos conducen a esto: que el que no tiene no puede pagar, y el que tiene y estaba pagando, decide no pagar nada, marcharse a otro lado con su empresa o con sus ahorros, o dar pérdidas veinte años seguidos a base de no ingresar un duro en el banco y meter la recaudación diaria debajo del colchón.

Ignorar algo tan fundamental es no conocer al ser humano.

La solidaridad está muy bien, pero cuando es obligatoria ya no se llama solidaridad. Tiene otro nombre: se llama expolio.

06 octubre 2009

Elástico o flexible



Se veía venir. Cuando se pusieron a echar las cuentas, pasó lo que pasó: que los ingresos tributarios habían disminuido y que no se recaudaba ya, ni mucho menos, lo mismo que en ejercicios anteriores. Se debilita la recaudación del IRPF porque la gente no tiene renta, y se da ya pro contenta por tener aún físico. Decrece la recaudación del IVA, porque no hay valor añadido que valga, ni leches en vinagre. Mengua lo ingresado por el Impuesto de Sociedades porque no hay sociedades, ni asociaciones, ni socios que se quieran involucrar en semejante odisea.

De tan evidente como es, parece una perogrullada ponerse a repetir estas razones, pero a lo mejor es hora de hacer entender a nuestros políticos que el dinero no crece en los árboles, que sale del bolsillo de los ciudadanos y que si los ciudadanos no tienen un duro, ni esperanza de prosperar trabajando, la sociedad entera se va libre y democráticamente a tomar por el saco, por mucho que se empeñen en repetir que se desarrollarán políticas de incentivo, se articulará un marco de estímulo y otras frases tontisonantes.

No hay un duro, y la administración, las muchas administraciones que saltan y se arrastran por nuestro pellejo como pulgas y piojos hambrientos, no quieren admitir que serán ellas las primeras que tendrían que apretarse el cinturón si queremos salir algún día de este bache.

Pero en ese lado de la barrera no se dan por aludidos. Para las administraciones el presupuesto es elástico, en vez de flexible, y mientras no entiendan la diferencia entre estos dos conceptos, estaremos abocados a la ruina. Elástico es lo que se puede estirar, como una goma, para hacerlo llegar a dónde inicialmente no llegaba. Elástico es endeudarse y dejar a las generaciones futuras, o a los alcaldes futuros, o a los gobernantes futuros, las obligaciones que se contrajeron en el momento actual. Elástico es el pan para hoy y elástica será el hambre de mañana.

Flexible, en cambio, es el presupuesto que se puede encoger cuando hay menos dinero y que se puede ensanchar cuando la situación es un poco más favorable. Flexible es la administración que no tiene comprometido el primero de enero hasta el último céntimo en gastos de personal, derechos adquiridos, gigantes y cabezudos y costumbres ancestrales.

La administración es un monstruo creado pro sí mismo que se alimenta de la carne de la sociedad. Mientras pudimos darle de comer sin tener que recurrir a cortarnos un trozo de pierna, de brazo o de paletilla, bien estuvo. Lo malo será ahora, cuando el número de funcionarios se mantiene, cuando se mantienen los gastos y las prebendas firmadas en años anteriores, y cuando se ha acostumbrado a una casta de privilegiados a un nivel de ingresos y de poder a los que difícilmente conseguiremos que renuncien.

Ahora es cuando vamos a ver si nuestra carne es elástica o flexible. Nosotros sí aprenderemos la diferencia

30 septiembre 2009

Las antenas, ¿son malas o no?


Decía Ortega que al hombre masa, además de por carecer de fines y de proyectos vitales, se le distingue por renegar de la civilización, pero no de sus frutos, y que maldice el progreso sabiendo que no faltará.
La afirmación es casi brutal, de puro descarnada, pero lo cierto es que viendo lo que pasa a nuestro alrededor en los últimos tiempos hay que pensar que el señor Ortega, además de filósofo, tenía un punto de profeta, porque si lo que decía era verdad en sus tiempos, parece que con el paso de los años, y van ya ochenta, es más verdad todavía.
Prohíben las antenas de telefonía en el casco antiguo, y a uno le queda la duda de por qué, o por qué no las prohíben en todas partes. Parece ser que nuestros ediles se acogen al expediente de, en vez de considerarlas dañinas, llamarlas sólo feas, porque se concede la excepción, o la duda, a las que no se vean mucho; pero luego, acto seguido, las vetan también cerca de edificios sensibles como colegios, guarderías y hospitales.
Pero vamos a ver: ¿son peligrosas o no, las puñeteras antenas? Si son peligrosas, ¿quién lo dice, cómo lo argumenta y cómo lo demuestra? Si son peligrosas, ¿por qué se permiten en unos sitios sí y en otros no?, ¿por qué tiene que tragarse una antena un vecino de un barrio cualquiera si están proscritas en el casco histórico?
Y si no son peligrosas, ono se ha podido demostrar, ¿a que rediosle estamos jugando? No sé a ustedes, pero a mí me parece el juego del “porsiacaso”, un juego con el que se entretiene el diablo cuando no tiene que hacer ni moscas que espantar con el rabo.
Si las antenas son perjudiciales de algún modo para la salud, que yo no lo sé (y ellos tampoco, vive Dios...), hágase lo que convenga para eliminarlas de todas partes (y luego que no se queje nadie de que el móvil no tenga cobertura o se corte); y si no lo son, o aún no se sabe, óbrese con la oportuna prudencia, no vaya a ser que en poco tiempo nos quedemos medio a oscuras en cobertura telefónica, lo que acabaría de rematar cualquier posibilidad de que empresas punteras, o simplemente medianas, vinieran a instalarse a Zamora.
En unos tiempos en que las comunicaciones son la espina dorsal del desarrollo, este tipo de factores son muy tenidos en cuenta por la gente que quiere trabajar y producir, pero parece que esa gente no interesa para nada a las autoridades, convencidas desde hace tiempo de que el votante medio tiene setenta años, o más, y de que sus miedos y manías son las que de veras marcan la diferencia a la hora de recontar el contenido de las urnas.
Será verdad, no lo niego, pero si en una ciudad como la nuestra, podrida ya de atraso de por sí, nos ponemos a recortar las antenas, pronto nos pondremos también con los transformadores, luego con los tubos de escape y finalmente con los sulfuros de las calefacciones. Y entonces sí, seremos una ciudad sanísima con un castillo cojonudo. Un castillo en pleno funcionamiento y en su salsa, porque estaremos otra vez en plena Edad Media.
Que a lo mejor es lo nuestro. Vete a saber.

28 septiembre 2009

El fondo estatal



Que me perdonen los que han encontrado trabajo a costa del Fondo Estatal de obras y saraos diversos, pero a mí, eso de contratar gente para hacer lo que sea, me suena a política soviética, con todas sus consecuencias de ruina posterior y desquicie.
Todo lo que sea dar empleo a la gente, y un modo de vivir dignamente, me parece estupendo, como le parece a cualquiera, pero si es el Estado el que tiene que promover obras, y además por el procedimiento de poner delante el dinero y luego preguntar qué es lo que se quiere hacer, me suena a aquello de pagar un salario a una persona por encender las farolas de una calle.
Cuando se genera empleo pero no riqueza, cuando se genera trabajo y no economía productiva, lo único que se obtiene es un plazo de dilación y una cartera vacía, porque estas obras están costando una verdadera millonada sin que se pueda saber en qué van a repercutir a la mejora de nuestra competitividad en el largo plazo.
El problema de España, y de otras muchas economías occidentales, es que no somos competitivos. Otros, en cualquier lado, producen lo mismo que nosotros a un mejor precio, y eso es lo que nos está crucificando, aunque la enfermedad aflore en forma de sarpullido monetario o ronchones bancarios.
Cualquier médico sabe que no se puede confundir el síntoma con la enfermedad, y que la fiebre, con ser peligrosa en sí misma, es sólo un indicador de que algo no está funcionando como debe en el organismo.
Si nosotros, en vez de poner remedio a nuestra enfermedad, nos gastamos lo que nos queda en curar la fiebre, y sólo por unos días, porque sabemos todos que el Fondo Estatal es una cura temporal, nos veremos abocados a la hospitalización, con todos los traumas y problemas que pueda acarrear.
Y además, porque hay más, este tipo de planes crea un efecto negativo, que es la esperanza de que pase lo que pase vendrá otro a arreglar. El ferretero quiere también un fondo estatal que le venda los tornillos y los alicates que no ha vendido, el dentista quiere un fondo estatal que le pague los empastes que no ha hecho, el labrador quiere un fondo que le pague las patatas que no ha colocado al almacén y yo quiero que el Estado me llene las casas rurales que tengo vacías en el quinto carajo.
Al final, como el dinero no crece en los árboles, nos encontramos con la verdadera cara de esta moneda: que pagamos todos y unos pocos deciden a quién se beneficia, a quién se saca del hoyo y a quién se le deja cocerse en su propia salsa hasta que reviente.
Hoy en día, el verdadero poder ya no está en crear leyes, sino en repartir dineros y puestos de trabajo. Por eso, por ejemplo, los rectores de las universidades ya no salen ni en la prensa, porque desde que van cortos de presupuesto no pueden sacar ni una plaza de conserje.
Por eso se crean estos planes: no para mejorar la economía, que todos saben que no mejorará, sino para comprar gritos en las calles, silencios en las corporaciones y miedo a quedar fuera en la próxima hornada.
Por vocación, el Fondo Estatal quiere ser como la Inquisición, pero sin sotana. Lo otro es folclore.

25 septiembre 2009

Braganza está ahí mismo (lo juro)


Ya lo he dicho más veces: al oeste de Zamora, en cuanto se deja atrás Alcañices o Puebla de Sanabria, nuestros políticos creen que comienza el Océano Atlántico, y que después de remar o de volar varios miles de kilómetros se llega a Portugal. De hecho, para algunos parece que Portugal limita con California, y es un país bañado por el Océano Pacífico.
Pues no. Está ahí mismo. Decir que a dos tiros de piedra sería ponerlo demasiado lejos, porque según desde dónde tires la piedra sobra con uno, y baja rodando.
Lo que es una vergüenza es que para ir a Braganza haya que llevar a Carlos Sainz de copiloto y a San Cristóbal en el asiento de atrás, y aún así se la juegue uno por esas carreteras por las que no se atreven a meter siquiera la Vuelta Ciclista más que un año de cada veinte, no sea que se les mate algún corredor.
Braganza tiene casi cuarenta mil habitantes, y si alguien, a algún lado de la frontera (que dicen que está por ahí pero yo no la vi, porque ni siquiera un puñetero río o una montaña nos separa), se tomase la molestia de establecer unas comunicaciones dignas, tanto ellos como nosotros aprovecharíamos la oportunidad de dar vida a una tierra que se despuebla por momentos y que parece haber sido abandonada a la alimañas del monte.
Y está muy bien que haya grandes parajes naturales conservados en estado casi original, pero mejor estaría aún que en vez de llevar los recursos fuera, y resignarnos a repetir que no somos los bastantes para permitirnos ciertas infraestructuras, nos diésemos cuenta de una santa vez de que juntos somos mucho más que la suma de las partes.
A veces pienso que esta tierra nuestra la dividieron como los ingleses dividieron Persia: en Irán, Irak, y Kuwait, tres países distintos de modo que a uno le faltase el agua, a otro la tierra, y a otro la salida al mar, para que nunca llegasen a ser ricos y no compitiesen con Inglaterra. ¿Qué hemos hecho nosotros para tener a un lado Puebla de Sanabria (que es precioso, pero no deja de ser un pueblo grande con menos de dos mil habitantes) y al otro Braganza, que no pasa de ciudad pequeña y mantenerlos casi incomunicados?
Es lo que ocurre en la realidad, pero créanlo o no, con curvas y todo, y se pierde la cuenta de las vueltas que se dan, no hay ni cuarenta kilómetros de Puebla de Sanabria a Braganza. Cuarenta kilómetros que se convertirían en veinticinco con un poco de voluntad, y que serían quince minutos de trayecto en cualquier lugar donde los políticos tuviesen medio cerebro en vez de una cebolla en un lado y una cabeza de ajos en el otro.
Y la historia de que son distintos países y cada cual manda en su casa, se la cuentan, por favor, al que no haya ido de Alemania a Austria y de Austria a Eslovaquia en media hora. Porque allí se matan y se invaden en las guerras, pero en cuanto hay paz, les falta tiempo para construir a medias ferrocarriles y autopistas.
Aquí no. Aquí ni nos matamos ni nos miramos. Aquí lo que parece es que estamos esperando a ver quién es el primero que se muere de hambre. Somos la caraja.

La alternativa difícil


Se nota que es verano y flota cierto humorismo hasta en los papeles oficiales. No me digan que no. Estamos todos tan tranquilos, con nuestra galvana a cuestas, y viene el Centro de Investigaciones Sociológicas y nos dice que, por primera vez en no sé cuantos años, el PP supera en intención de voto al PSOE. Genial, oigan, pero si con lo que tenemos encima sólo lo consiguen ahora, y por unas centésimas, ¿qué esperan los del PP para colgarse de un pino?
La estrategia de Rajoy parece clara: convencernos de que no hay alternativa posible a su flojera. Convencernos de que se trata de Zapatero de él. ¿Y saben una cosa? Que no. Que no podemos tragar esa milonga. Que Zapatero es un desharrapado intelectual, un vendedor de alfombras dialéctico y un cataclismo político, lo estamos viendo a diario, pero eso no quiere decir que el líder de la oposición sea automáticamente el mejor posible.
Con todo lo que ha caído, con la gente que se ha quedado en la calle, con las empresas que han cerrado, los bancos que han entrado en semiquiebra y la porquería que le ha salido a los socialistas, ¿cómo se puede tardar todo este tiempo en superarlos en intención de voto?
El señor Rajoy es un manta. Es un pobre cero a la izquierda que ningunean en su partido porque saben que sin apoyo en la calle, el Presidente es menos que nadie. ¿Qué se puede esperar de un líder político que tiene al tesorero del partido implicado en una trama de corrupción y no lo destituye?, ¿por qué ha esperado a que se marche cuando mejor le venga y más cómodamente le encaje con las vacaciones? Tiene una guerra abierta en la Comunidad de Madrid y mira para otro lado, tiene un gran jaleo armado en Valencia y no sabe y no contesta. ¿Dejaríoa usted el país en manos de semejante individuo? Yo no le prestaba ni la moto, oigan.
A Rajoy lo mantienen como presidente del partido los que no quieren ganar las elecciones, porque prefieren un presidente débil que les permita a ellos hacer lo que les dé la gana en sus ayuntamientos y diputaciones. ¿No les suena de nada esa estrategia? Plena Edad Media: rey débil, condes ricos. Eso salva a Rajoy, peor no nos salva a nosotros, que nos veremos, tarde o temprano, aunque me temo que será tarde, abocados a unas elecciones en las que un partido nos lleva a la ruina y el desastre, proclamando ya sin tapujos que el dinero es para andaluces y catalanes (y para el resto ya se verá) y otro que ni siquiera es un partido democrático, donde no el candidato ha sido elegido a dedo por el lucero del alba y se nos impone junto a una ristra de ajos, salchichones y otros embutidos para que los votemos por miedo a seguir teniendo a Zapatero.
Hay que buscar una alternativa como sea.
Zapatero, no. Rajoy, tampoco.
Y si la democracia que nos ha quedado tras treinta años de transición es esto, casi es mejor que resucitemos a Franco y a la Pasionaria para que gobiernen en coalición.
Cualquier cosa antes que pasar por este aro.

Bombillas contra el paro



Tan ágiles son los políticos y los representantes sindicales y patronales que, a mí, más que una negociación me parece que están protagonizando una carrera de sacos: a saltos, y con batacazos cada tres pasos.
Por mucho que nos cuenten, lo que están tratando de decidir es quién sufre las consecuencias de la falta de dinero en el mercado. Porque el verdadero problema es ese: que no hay dinero circulando, y que sin crédito ni disponible no se puede consumir, ni invertir, ni se pagan las deudas, con lo que la asfixia empieza a poner azul a todo el tejido económico.
En primer lugar, aunque ya lo sabe todo el mundo, hay que repetir que el sistema de la Seguridad Social no es un sistema de capitalización, sino una especie de esquema piramidal el que pagamos a los que ahora están jubilados y recibiremos la pensión de los que paguen cuando tú te jubiles. Exacta y justamente el esquema piramidal usado por Madoff y otro muchos chorizos a lo largo de los tiempos.
Por tanto, como la Seguridad Social no se capitaliza, necesita ingresar en todo momento lo que paga, no lo que va a pagar en el futuro, con lo que estamos ante el hecho, doloroso pero cierto, de que son los trabajadores y empresarios actuales los que deben pagar las pensiones actuales y los seguros de desempleo del presente. Partiendo de esa base, una rebaja de las cotizaciones, como piden los empresarios para poder contratar a más trabajadores, supondría un agujero impresionante en las cuentas del Estado.
Y si las cotizaciones no se rebajan, hay pocas medidas efectivas que se puedan proponer para que las empresas contraten más gente. Pero si se rebajan, el dinero de las pensiones y de las prestaciones de desempleo hay que sacarlo de algún lado.
En cualquier otro país, en una situación como la actual, se permitiría que la Seguridad Social entrase en déficit y se pondría ese dinero de los Presupuestos Generales, o sea, de los impuestos de todos. Pero en España eso no es posible, puesto que el Gobierno ha gastado hasta el último céntimo disponible en satisfacer las demandas de financiación autonómica, e incluso se ha endeudado más alla de lo previsible para cumplir algunas reclamaciones políticas de ciertas comunidades que no menciono pero que nos sabemos todos de memoria.
Por tanto, como el dinero se ha gastado en el Estado de las Autonomías, no quedan fondos para el bienestar, ni para fomentar el empleo, ni para pagar más de cuatrocientos euros, y sólo seis meses, a los que no cobren ninguna otra prestación.
¿Por qué no se negoció el tema laboral y salarial antes que la financiación autonómica, ya que es mucho más importante y preocupa a más gente? Porque se pensaba dejar para esto lo que sobrase de lo otro. O sea, nada.
Este Gobierno es así: cuando la gente haga cola para pedir trabajo o subsidio de desempleo, le regalarán una bombilla de bajo consumo. Y se quedarán tan anchos.

Titulitis y titulosis (inflamación y desgaste)


Los títulos eran una cosa importante cuando el que los daba era importante a su vez. Ahora, como se ha extendido la impresión de que las administraciones públicas son, en general, una horda de bandoleros que va a su ritmo y buscan su propio beneficio, los títulos se han ido devaluando. Y es que siempre es lo mismo: una firma vale, como mucho, tanto como la persona que la estampa, y una moneda tanto, como máximo, como el país que la emite. Lo malo es que no hay otra cosa que sustituya a los títulos, a no ser los masters, y con esos se vuelve al sistema de siempre: que pueda acceder a los buenos puestos el que pueda pagar por conseguirlos. Eso, por supuesto, si no se pasa uno a la resistencia, que es de lo que voy a hablarles.
Tenía y tengo un amigo que en cierta ocasión decidió postularse a un puesto de diseñador gráfico en una importante empresa nacional. Los requisitos exigidos consistían en haber terminado la licenciatura en Bellas Artes, dominar el manejo de varios programas profesionales de diseño gráfico, retoque fotográfico y maquetación, y contar con al menos cinco años de experiencia en un puesto similar.
Este es el momento de decir que mi amigo era y es ingeniero de montes, y ya que el monte es una de las bellas artes, como todo el mundo sabe (sobre todo los que se han echado a él), envió su currículum para aquel puesto, acompañado de un certificado falso que acreditaba la experiencia requerida y de un título igual de falso (o más falso todavía) de los estudios de Bellas Artes cursados en una importante Universidad española.
Llegado el momento de la selección entre los aspirantes, la empresa propuso una serie de pruebas prácticas en su sede, y como resultó que lo único auténtico de mi amigo era su buena mano para manejar aquellos programas y su talento para el diseño gráfico, le ofrecieron a él uno de los tres puestos que debían cubrirse.¿Por qué? Porque la empresa lo quería para trabajar, y trabajar, sabía de siete sobras.
En el momento de la firma del contrato, se reunieron los tres nuevos trabajadores y el gerente que, con amplia sonrisa, los felicitó ¡a los tres! por su destreza a la hora de “reelaborar” su propia documentación.
Y es que, según les dijo, un diseñador gráfico tiene que saber diseñar, en primer lugar, un producto que parezca creíble a su cliente y sirva para el mundo reaol, a menudo tan alejado de las ensoñaciones académicas y sus extrañas exigencias.
Vistas así las cosas, y les aseguro que es real, no me queda más remedio que hacerme y hacerles algunas preguntas:
Si sabes hacer el trabajo, ¿para qué te van a pedir el título?
Si no sabes hacer el trabajo, ¿para qué te van a pedir el título?
En todo caso, ¿para qué le sirve a una empresa privada tu título a no ser que te quieran emplear de pringado firmador de proyectos ajenos?
Conclusión: si lo que quieres es un sueldo, oposita. Pero si quieres un trabajo, procura a aprender a hacerlo.

Los que ven y callan

En eso de la financiación autonómica, pensándolo bien, prefiero al PSOE, más que nada porque entiendo su jugada y el mecanismo lógico que siguen sus decisiones: le dan el dinero a los suyos, lo reparten a mansalva entre los que los pueden amenazar con retirarles el apoyo parlamentario y nos dan por el saco a los demás, desvergonzadamente, y sin razones de ningún distintas a las frases huecas de siempre, sin una maldita cifra que las acompañe. O sea, todo lógico y comprensible dentro de la argumentación de un partido cuyo único horizonte político es quedarse en el poder al precio que sea, dejar deudas hasta a nuestros tataranietos y vendernos a los que vivimos del trabajo y no de la peonada o la inmersión lingüística.
Sin embargo, y por eso mismo, la inconsistencia del PP en ese espinoso tema de la financiación me parece mucho más sangrante, porque estando en la oposición y viendo cómo a las autonomías que gobierna las dejan, en su mayoría, con una mano delante y otra detrás, exige a los dirigentes regionales adscritos a su disciplina que voten con una tímida abstención, sin oponerse frontalmente al sistema entero, no vaya a salir perjudicado Nosequién de Nosedónde, que debe de poner mucho en la caja o regalar muchas corbatas de lunares.
Los señores del PP parecen no darse cuenta de que para abstenerse nos vale igual cualquier otro partido, incluida la Confederación Nacional de Meapilas o la Hermandad de Tibios y Flojos, y que para que nos representen unos que callan cuando a algunas autonomías se las trata cinco veces mejor que a otras no necesitamos impulsar ninguna alternativa: nos basta con los bandoleros que ya tenemos en el Gobierno sin necesidad de cambiar el voto.
La oposición, señores de la gaviota, es coraje, es tomar riesgos y demostrar a la ciudadanía que se dispone de una alternativa. Su abstención en un tema como este no hace sino corroborar la sospecha que algunos tenemos de que ustedes no quieren ganar las elecciones, porque están muy a gusto donde están, en cargos muy bien pagados de segunda fila, y atrincherando sus cuotas de poder sin molestarse en tratar de obtener mayores responsabilidades. Su abstención, en algo tan crucial, me obliga a pensar que tienen tantos muertos que esconder bajo la alfombra que no se atreven a abrir la boca ni aunque les maten a la madre.
La cobardía, la bajeza, la miseria que supone una abstención ante un caso como este, me hace pensar en las violaciones que grupos de salvajes han cometido estos días contra niñas indefensas. Los que las cometen son unos criminales, pero los que lo ven y no llaman a la policía, que es como decir que lo ven y se abstienen, son unos canallas, unos cobardes y y unos miserables.
Por mi parte, no pienso votar nunca a los que violan a la niña, pero tampoco, Dios me libre, a los que lo ven y se callan.

23 agosto 2009

Nuestro leal traidor Dolfos


La historia es impredecible. Es más fácil acertar una primitiva que averiguar a quién se va a subir o bajar de los pedestales en la próxima revisión de las enciclopedias.
Como no tenemos cosa mejor en qué pensar ni mejor reivindicación que menear, nos ha dado ahora por discutir si Vellido Dolfos era traidor, leal, villano, caballero o guerrero de la señorita Pepis. Somos geniales, oigan.
Esto es lo que nos quedaba ya por ver para rematar la fiesta: un Partido Urraquista, reivindicando seguramente la independencia de Zamora y los derechos dinásticos de esa buena señora contra su hermano, contra el kahn de los mogoles y contra el emperador de los elfos si se tercia.
¿A alguien se le ha pasado por la cabeza preguntarse a qué viene tanta tontería sobre las riñas familiares de los reyes de Castilla? Porque es eso: un rey se muere y nos divide a las personas y las tierras entre los hijos, como si fuésemos parcelas y cabezas de ganado. Los hijos, los hermanos, los sobrinos (y la madre que los parió) no están de acuerdo con el reparto y montan una riña familiar por todo lo alto para replantear la herencia, y como todo el mundo sabe, en las peleas familiares se tira de lo peor que hay en cada casa. O sea, que uno nos deja en herencia como ovejas y nosotros, mil años después, lo damos por bueno y nos quejamos de que otro pastor viniera a robar el rebaño.
Es eso, no le den vueltas: aquí estamos nosotros, mil años después, que se dice pronto mil años, reivindicando como leal la figura de lo que hoy sería un sicario que salió a dar un lanzazo al rey contrario mientras estaba "en las menores de sus fuerzas". Posiblemente, cagando. Perdonen que me exprese de este modo, pero las cosas no tienen mejor nombre que el suyo propio.
Este tipo de folclores se montaban en los libros para reforzar la propia identidad frente a la del enemigo, pero en este caso, resulta que Vellido Dolfos era de casa, y el invasor también, a no ser que quienes promuevan esto lo hagan para darnos a entender que los castellanos son enemigos y extranjeros.
No cayó la ciudad en aquel asedio. Vale. ¿Y qué se hizo después de doña Urraca y su dinastía?, ¿en qué paró todo el fregado?, ¿a qué reino nos unimos por mil años?, ¿al de Moldavia?, ¿o al de Sildavia, como Tintín?, ¿de dónde salen los majaderos que convierten en antagonistas a los de Zamora y a los de Saldaña?
Muere Sancho y el Cid obliga a Alfonso a jurar en Santa Gadea. ¿y eso que es?, ¿un golpe de estado?, ¿cómo se atreve un militar cualquiera a pedir cuentas a su superior?, ¿por qué no interviene el juez Garzón y le mete al Cid un paquete por sedición y rebelión militar?
Nombrar leal a Vellido Dolfos es como como nombrar a Hitler héroe nacional de Palestina.¿Se imaginan a la OLP levantándole un monumento a los nazis? No me joroben. Un poco de seriedad o nos tomarán aún más a rechufla de lo que ya nos toman. A este paso, salimos hasta en los telediarios americanos. ¿Y saben cual será el titular? Este: En Zamora llaman lealtad a atacar a la gente por la espalda mientras caga.
No me joroben...

22 agosto 2009

El juego de los trileros


La ideología es una zanahoria detrás de la que algunos se esfuerzan en que corramos para que la noria siga girando. Y es cierto que la noria saca agua, pero quizás deberíamos preguntarnos para qué y para quién, porque pro saquí seguimos en el mismo secarral de toda la vida.
De todas nuestras desgracias, quizás sea una de las peores el haber caído en la costumbre de creer lo que nos cuentan sin pasarlo por el cedazo de la lógica. Y así, de las noticias o los comentarios acabamos haciendo una especie de catecismo, poniendo de nuestra parte lo que ellos no dicen. ¿O no les ha sucedido nunca que a fuerza de querer sacar jugo a lo que declara un político acaban por ponerle ustedes mismos las ideas cuando no había ni una en ocho frases? Pues de eso parece que va el juego.
Para salir de semejante laberinto no queda más remedio que volver al principio y buscar las definiciones que nos ayuden a comprender la verdadera naturaleza de las cosas. Si me lo permiten lo intento, tratando de no aburrir:
Los impuestos son proporcionales cuando se paga un porcentaje fijo, como el IVA. Si gastas cien, pagas dieciséis. Si gastas doscientos, pagas treinta y dos. Con este tipo de impuestos lo ricos pagan también más que los pobres, pero no en relación con su capacidad, o eso dicen.
Los impuestos son progresivos, como el Impuesto sobre la Renta, cuando al subir la renta, sube el porcentaje de lo que pagas. Si ganas veinte mil, pagas el veinte por ciento, o sea, cuatro mil. Y si ganas cincuenta mil, pagas el cuarenta y cinco por ciento, o sea veintidos mil quinientos. Con este sistema, el rico paga muchísimo más que el modesto y es el método que recoge como20.000 pagas el 20 % (4000) y si ganas 50.000 pagas el 45 % (22.500). Con este sistema, el rico paga muchísimo más que el pobre y es el que recomienda la Constitución.
Hasta aquí todo florido y hermoso, pero hay una pregunta que no queremos hacernos y que todo el mundo se guarda: si es bueno, solidario y hasta santo los impuestos sean progresivos para las personas, de manera que paguen más los ricos que los pobres ¿por qué no lo son para las empresas, que pagan a un porcentaje fijo independientemente de su tamaño?
Y si es normal que los impuestos sean progresivos para las personas, porque el que más gana más tiene que colaborar ¿por qué no lo son para los territorios, y las Comunidades Autónomas pagan todas igual, ya sean ricas o pobres?, ¿por qué las Comunidades Autónoma no ponen a la caja común más porcentaje cuanto mayores son sus ingresos y nos vienen con la Ley del Embudo?
El sudoku de la financiación se convirtió al fin en el juego de los trileros, preguntando a la gente dónde está el dinero. Y a fuerza de mover los cubiletes piensan que nos engañan y que acabaremos por decir que está un poco en todos y que no ha desaparecido, sino que se ha repartido.
Pero lo cierto es que todos sabemos dónde ha ido. Hasta con los ojos cerrados seríamos capaces de acertarlo. La jugada, por si no lo saben, es dar un poco más, aunque a los otros se les el quíntuple. Con eso y poder contratar a tres sobrinos, los que nos representan se conforman.

20 agosto 2009

Balones fuera


Tranquilos todos, que aunque perdiésemos contra Estados Unidos la semifinal de aquella extraña copa inventada por la FIFA para sacar unos cuartos extra, podemos seguir contando con que el equipo español nos brinde muchos éxitos en el futuro. Y más aún podríamos esperar si el seleccionador pusiera a Zapatero de defensa central, ¡porque hay que ver cómo echa balones fuera el tío, oigan!
Lo de Garoña ha sido sensacional. No me voy a meter ahora en si la central nuclear es segura o no, y mucho menos a defender o a atacar la energía nuclear en su conjunto, pero es que opine uno lo que opine, no hay por dónde agarrar el asunto.
Si la central es obsoleta o insegura, ¿por qué se le dan cuatro años? Y si es segura o sus instalaciones se pueden mejorar con unas cuántas reformas, ¿por qué se pone el 2013 como fecha de cierre?
Y no se terminan ahí las preguntas, no se crean. La extrañeza da para mucho más, porque el alcance del absurdo es casi olímpico: si el Consejo de Seguridad Nuclear votó por unanimidad que la central podía estar en funcionamiento otros diez años, ¿qué clase de estudios tienen los políticos para determinar otra cosa? Y si son los políticos los que determinan si las instalaciones cumplen los requisitos técnicos, (porque sí, porque la democracia da para todo y hasta presta luces al que no las tiene) ¿para qué puñetas queremos al Consejo de Seguridad Nuclear?
A mí me lo pueden disfrazar de lagarterana si quieren, o cantarme tres tangos con música y letra de santos Discépolo, pero me parece evidente que la decisión que se ha tomado y la fecha que se acaba de fijar es una burda componenda para salir del paso con el trasero cubierto y la cabeza no del todo gacha.
Había que contentar a los que se creyeron las promesas, y se les medio contentó con un cierre, aunque aplazado. Había que darle a la llave de la luz y seguir considerando normal que se encendiera la bombilla, y la central seguirá produciendo. Y sobre todo, ante todo, había que despejar el problema trasladándolo a la siguiente legislatura, y se fijó el cierre en 2013 para que sean otros los que tengan que ampliar ese plazo si ellos pierden las elecciones.
Lo gracioso será si las ganan, proque no se me ocurre que inventarán entonces para compatibilizar su fábula Disney con la puñetera realidad. Y no es descartable que las ganen teniendo en cuenta el empate técnico que padecemos entre el Gobierno y la oposición a la hora de realizar propuestas para sacarnos del atolladero: son como un perro y un gato. Pero no como un perro y un gato empleando uñas y dientes en herir al otro, que también, sino como un perro y un gato discutiendo de filosofía o tratando de reparar un ordenador.
Dios nos coja confesados.

19 agosto 2009

Gogós y lavatractores


Ya escribí hace no mucho unas líneas sobre el peligro de que los estancos se quedasen sin papel de fumar de tanto como lo usan unos cuantos para agarrarse su partes pudendas, así que no voy a repetirme por ese camino.
Sin embargo, al hilo de la estúpida polémica que se ha organizado alrededor de los espectáculos programados en las fiestas de algunos pueblos, tengo que decir que me parece una miseria y una vergüenza.
Las críticas socialistas al asunto de los lavatractores me parecen una miseria porque las dirigen contra la diversión de un pueblo pequeño y tranquilo, pensando que lo podrán cohibir, en vez de dirigirlas contra los portales de internet, que son millares, o las cadenas de televisión que a todas horas ofrecen porno a su audiencia. Por lo visto es una marranada lo que hacen en San Pedro de la Viña, pero no lo que ponen en la tele. ¡Hay que amolarse!
Me parece una mezquindad que se trate de utilizar políticamente a un pueblo al que se deja morir de asco el resto del año. Si tanto le molesta a algunos el espectáculo lavatractores, que paguen unos fuegos artificiales y ya verán qué contentos se ponen en el pueblo por poder ofrecer algo distinto a los de casa y a los visitantes. ¿Creen que lo harán? Ni de broma.: el caso es tocar las narices, pero gratis.
Me parece una vergüenza que se utilice tan descaradamente el doble rasero moral de lo políticamente correcto. Cuando García Márquez habló en un libro de "sus putas tristes", nadie lo consideró sexista ni denigrante, porque era de la cuerda y alababa a Fidel Castro. Cuando entran de ministras en el Gobierno ciertas señoras, sólo por el hecho de ser señoras (a la vista está que otro mérito no tienen), no es un fenómeno sexista. Cuando se organiza un concurso de misses, exhibiendo docenas de adolescentes en bañador para que las ojeen como en un mercado de ganados, tampoco hay sexismo, sino casting. ¡Y ahora resulta que una tontería tan inocente como una chica lavatractores en un pueblo requiere la intervención del poder público y de los guardianes de la revolución bienpensante!
Estas cosas, como casi todas, retratan más al que las critica que al que las organiza. El que las promovió hizo simplemente lo que buenamente le pareció oportuno, sin perjudicar a nadie; o sea, un ejercicio de libertad. Los otros simplemente quieren que entremos todos por el aro, comulguemos con sus ruedas de molino y saquemos en procesión a sus esperpentos pancarteros. Ysi no, que nos estemos callados.
Pero en el fondo, hay que reconocer que la culpa fue de los del pueblo, por no tener un poco más de ojo. Sin en lugar de ser el ayuntamiento el que organiza el espectáculo de la chica lavatractores llegan a poner en el cartel que lo organizaba la SGAE o alguna asociación de gays y lesbianas, entonces no habría pasado nada. Todos contentos y todos felices, que para eso está la tolerancia, ¿a que sí?
Lo que más me joroba de todo esto es que parece que quieren hacer puritana a España a fuerza de melindre y de mordaza. Empiezo a pensar que se meten tanto con la Iglesia y con los curas no por convicción, sino para quitarles el sitio.
¿Quién se hubiese opuesto a esta fiesta hace uno años? El párroco. ¿Y quién se opone ahora? Los socialistas.
Con eso está todo dicho.

18 agosto 2009

Berlusconi va de fiesta


O incluso dicen algunos que va de putas. Vale, ¿y qué?
Esta es la pregunta que no parece haber querido hacerse nadie. Podemos importar de Estados Unidos el cohete aeroespacial, los pantalones vaqueros, la Coca-Cola y la comida basura, ¿pero por qué demonios hay que importar también su moral puritana? A mí, como ciudadano, ¿qué me importa que el presidente del Gobierno pague por echar una cana al aire o se lo pase de cine en una fiesta, sobre todo si el Presidente ya era bestialmente rico, como lo era Berlusconi antes de meterse en política?
A mí lo que me preocupa y verdaderamente m interesa es que no haga el tonto con los dineros de todos, que no reparta lo que no es suyo y que no embarque al país en galeras de remo fijo para seis generaciones.
Un político, como un fontanero, tiene que saber hacer su trabajo, dejar contento al cliente, que somos todos, y luego, en su casa, hacer lo que le venga en gana. ¿O también nos preocupamos de con quién se mete en la cama el fontanero? Berlusconi tendrá que dar cuentas de lo que hace en esas fiestas a su familia, si a su familia le importa, y a nadie más. Otra cosa nos llevaría a pensar que Churchill, al ser un borracho conocido, fumador empedernido y juerguista irredento era peor presidente que Hitler, vegetariano, abstemio y precursor de todas las campañas antitabaco que se puedan ustedes imaginar.
Así que ya ven que no, que aunque Hitler tuviese una novia de toda la vida con la que se casó antes de pegarse un tiro, no era mejor persona ni mejor presidente por no ir a los burdeles, ni creo yo que lo que afee a Berlusconi como político sean sus gustos eróticos, sino más bien su afición al compadreo y su enemistad con la justicia imparcial.
Si empezamos a preocuparnos por la vida privada de los políticos acabaremos juzgando sus personas en vez de sus actos, y eso, aunque no lo crean, es un paso definitivo para la impunidad, porque las personas pueden ser sustituidas por los grupos de poder, por los que verdaderamente cortan el bacalao, mientra que los actos siguen ahí siempre, inmutables, diciendo la verdad a quien quiera escucharla.
Por eso dedico estas líneas al tema: no porque me parezca bien que un presidente vaya de jarana, que me da igual, sino porque me parece mal que nos quieran meter el gol de hacer hincapié en lo que personalmente hace o deja de hacer para que no miremos tanto las leyes que se aprueban, los dineros que se reparten y las decisiones que se toman. Porque la idea es esa: cambiar el collar para que quede el perro y tenernos mientras tanto entretenidos con las declaraciones de la chavalilla de turno y el morbo que tanto engorda a los bobos.
Así que señores, que me perdone Sonsoles, pero ojalá el presidente Zapatero se fuera de juerga y se pusiera de cava hasta las trancas, mejor que repartir lo que no tiene entre las autonomías y los ayuntamientos.
Ojalá se fuera de putas en vez de putearnos a nosotros.
Cuánto mejor sería. ¿No les parece?

Las tierras mostrencas


Solía yo decir que era muy difícil superar en abandono a las montañas leonesas, donde una vez, quizás lo recuerden, se asilvestró un rebaño de vacas porque nadie fue a buscarlas después de que muriese su dueño. Con el tiempo, el campo entero se convirtió en una lidia de toros bravos, que salían de donde menos lo esperaba uno, hasta que la Junta de Castilla y León abrió la veda de la vaca montesa para que los cazadores las trincaran a escopetazos, porque no había John Waynes que les echara el lazo.
La escena, de puro surrealista, parece sacada de algún párrafo mágico suramericano, pero no: se trata de esta magia nuestra, magia negra, en la que los muertos en vez de resucitar se requetemueren, y en vez de salir de la tumba, se recontraentierran.
Algún dinero valdrían, digo yo, trescientas vacas, para no dejarlas abandonadas por el monte, pero no tanto como valen los terrenos y solares, varios de ellos urbanos, que algunos han dejado abandonados por Zamora a riesgo de que se los coman, no los lobos, sino Hacienda, que tiene aún más y mayores dientes.
Y no aparecen aún más fincas y solares en tan tristísima lista de abandonos porque el asunto supone un gran trabajo para Hacienda, que si los del Fisco se pusieran a rebuscar en serio en los polígonos catastrales descubrirían que en toda España no hay quien nos gane a buena salud, porque la mitad de las tierras de la provincia está a nombre de personas con ciento treinta o ciento sesenta años de edad. ¡Qué sano el aire y qué buena tierra!, ¿verdad?
Yo pensaba que con la crisis, con la flaqueza de los suelos en las ciudades y con el encarecimiento de la vivienda en según que colmenares, la gente volvería la vista atrás, a ver qué podía quedar de los ancestros, aunque sólo fuesen unos quiñones en el monte, un terrenico en el que poner unas lechugas o un sitio donde caerse muerto, pero se ve que ni por esas, oigan. No miran para nosotros ni los que se marcharon a América, con todo lo que ha caído en América, ni los de la emigración interior, con todo lo que está cayendo en el interior.
Las urces se hacen urzonas, las jaras se arborizan, y hasta los solares de la capital quedan mostrencos por falta de quién los reclame, como si nos hubiese alcanzado alguna peste y nos faltase un san Roque que nos defendiera de esta broma constante, chavacana de puro repetida, de una tierra que se va, poco a poco, pero sin pausa, al puñetero carajo.
Quizás habría que haber soltado aquellas vacas de León en estas tierras de Zamora y allá se las entendieran fundando por su cuenta y riesgo una Serenísima República del Olvido.

05 julio 2009

Malvas como campanas


Ni elecciones europeas ni leches en vinagre. Lo nuestro, se pongan como se pongan los cosmopolitas, no está en Europa. De poco nos vale en Zamora que el partido pirata sueco haya logrado entrar en el parlamento para defender los derechos de los ciudadanos y combatir el monopolio intelectual en que se han ido convirtiendo algunos tipos de patentes, o que el socialismo se haya despeñado por la pendiente de su propia insustancialidad, o que los conservadores remonten el vuelo con las alas del miedo.
Lo nuestro es mucho más urgente y más concreto. Es tema de carne. De sangre. De huesos y tendones. Los que no hay.
Dice el avance del padrón, que pudimos leer en el editorial de este periódico hace unos días, que la provincia de Zamora pierde nada menos que 1578 habitantes. Será verdad, pero si me lo permiten, aún me queda una sospecha: ¡si sólo fuese eso! ¡Qué contentos nos pondríamos si sólo fuera eso!
Pero no, oigan. La realidad es mucho peor, porque los números tiene esa puñetera peculiaridad: que parecen exactos y verdaderos, precisos e indiscutibles, pero mienten como feriantes voceando garrafones de crecepelo. Nos dicen que perdemos mil quinientos y pico habitantes y no pensamos que lo que en realidad sucede es que ganamos tres mil quinientos y perdemos cinco mil. El saldo parece el mismo, pero la auténtica tragedia está en que recibimos tres mil quinientos viejos que vuelven jubilados de sus lugares de trabajo y nos despedimos de cinco mil jóvenes que van a buscarse los garbanzos fuera, porque aquí ya no los hay ni de secano.
Lo que el censo no dice, con sus lustrosas cifras, es en cuánto se modifica de año en año la media de edad de la provincia, porque si además de contar las cabezas contara los años, entonces descubriríamos que hemos perdido mil quinientos habitantes y hemos ganado veinte mil años, por lo menos. Y tres mil reumas, que tampoco está mal.
La desgracia de nuestra tierra no es sólo que se despueble, sino que se marchita. Somos víctimas de un sistema impositivo por el cual ponemos nosotros los embalses y los saltos de agua y otros cobran los impuestos por el simple método de domiciliar las empresas comercializadoras en su comunidad autónoma. Somos el lugar por el que se pasa, con los cables, los tubos y los caminones, y nos gastamos la hijuela en arreglar las carreteras para que otros comercien y nos nieguen luego cualquier aportación en nombre de una solidaridad que sólo tiene un sentido. Somos la casa de Tócame Roque, porque un zamorano cotizando en Barcelona es dinero que da Cataluña al Estado, pero cuando vuelve a casa tras jubilarse, resulta que su pensión es dinero que el Estado da a Zamora, con lo que recibimos, según su cuenta, mucho más de lo que damos.
Somos, en resumen, la abuela al que todo el mundo le pide la propina dando por hecho que, a sus años, no tiene vicios en que gastar la pensión ni motivos para ahorrarla.
Nos ven camino del cementerio, criando malvas como campanas y así nos tratan.

04 julio 2009

¿Especialistas en qué?


Vivimos en un mundo complejo. Todo es complicado y hasta el menor de los artilugios, o de los papeleos, requiere la cooperación de un montón de personas y tecnologías. En un mundo como el nuestro parece imperativa la formación de especialistas, porque es tan grande y de tal amplitud la variedad de campos del saber que no se puede pretender ya que un hombre, por grande que sea su capacidad, abarque todos esos conocimientos.
Quizás por eso se han ido suprimiendo poco a poco de los planes de estudios todos esos conocimientos que llamábamos humanistas y que hoy algunos no tienen mayor empacho en calificar de inútiles. Cada enfermedad tiene su propia especialidad en medicina y cada pieza de un coche acabará teniendo su propio mecánico. Una manera como otra cualquiera de fragmentar el trabajo y el esfuerzo para maximizar el resultado final. Vale. Como Dios.
Y ahora viene la pregunta jodida: Y partiendo de estas premisas, ¿ quién se ocupa de las tareas de coordinación del conjunto? Porque se supone que cada cual es especialista en una cosa y sabe mucho, o todo, de lo suyo, que es limitadísmo, y muy poco de todo lo demás. Y claro: resulta que las piezas del coche hay que ensamblarlas y que hay que poner de acuerdo a los albañiles con el ingeniero, a este con el economista y a todos con la administración para al final construir el coche o levantar el edificio. En un sistema orientado a la especialización, ¿quién coordina?
La respuesta da miedo: el que no sirve para otra cosa.
Cuando el sistema se orienta a la especialización, los mejores sueldos, las mejores posibilidades laborales, las mejores carreras y el mayor reconocimiento social se lo llevan los que han conseguido destacar en su pequeña parcela concreta. Por tanto, los puestos interdisciplinares, los que deben abarcar varias materias, los acabarán desempeñando aquellos que retrocedieron en el escalafón de su especialidad porque no pudieron destacar en ella. El mejor oculista no va a dirigir el hospital, ni el mejor traumatólogo, ni siquiera el mejor economista. Esos estarán en otros puestos, ganando mucho más en su especialidad. ¿Quién dirige el hospital, la fábrica o el país con este sistema educativo? El mediocre, porque le que realmente vale ha sido desviado, desde la universidad e incluso antes, hacia una férrea especialización.
Así las cosas, hagan un ejercicio de memoria y díganse a sí mismos qué puestos tenían fuera de la política los que nos gobiernan y los que aspiran a gobernarnos. ¿Hay alguno que haya destacado terriblemente en su campo antes de convertirse en gestor o coordinador de la caja y la ley común? Si acaso, Rodrigo Rato, que era un conocido empresario aunque no el más rico ni el más brillante, pero fuera de ese, que llegó a presidir el Fondo Monetario Internacional, ¿quién más se les ocurre a ustedes?
A mí, ninguno. Así que si todo está hecho una pena y cada cual va por su lado, trabajando a lo tonto y gastando a lo idiota sin tener en cuenta lo que hacen los demás, ¿de qué nos extrañamos?

03 julio 2009

La risa floja

Lo que más me preocupa de la situación económica y social que estamos viviendo no es lo mal que lo pasan algunos, sino las caras que les veo cuando me los encuentro por las calles. son rostros de desilusión, en vez de enfado, como si en lugar de ver desaparecer el pan de sus hijos vieran perder la fase de ascenso al equipo de su pueblo.
De pronto, no sé si se habrán fijado, parece haberse extendido una especie de humorismo obligatorio según el cual es imprescindible hacer bromas sobre la crisis, y hasta los anuncios de algunos productos la mencionan como si hablaran de una nueva moda, como el flequillo a un lado o los pantalones de campana. ¡Pruebe el yogur contra la crisis!, ¡sonajeros anticrisis!
La trivialización ha llegado a desvirtuar hasta la angustia. Angustiarse por no poder pagar, o por no poder llegara fin de mes, o por ver cómo el puesto de trabajo pende de menos que un hilo, es trivial. Da la impresión de que el miedo al qué pasará, o el temor ano ser capaz de salir de la mala situación en la que se encuentra la propia familia fuese un rasgo de histeria, propio del que se ahoga en un vaso de agua.
En realidad, a mi juicio, la histeria es la contraria. Vivimos en medio de una risa floja, una de esas risas macabras de condenado a muerte, que se vuelve cínico porque no encuentra salvación. Y la hay, no crean que hablo desde el pesimismo, pero no pasa en ningún caso por esperar que todo se arregle solo. La anestesia ha llegado hasta nosotros para convencernos de que es mejor aguantar lo que nos echen a decirle de una vez al gobierno que deje de sepultarnos en sus estupideces, a la administración regional que deje de aceptar y apoyar una reglas tramposas que nos esquilman, y a la municipal que administre de una vez lo que tiene en vez de endeudar hasta a nuestros tataranietos.
Nos reímos, aunque la procesión vaya por dentro, porque la risa se ha impuesto como norma para evitar que se imponga el rechinar de dientes. Antes los españoles éramos católicos y pasábamos por todo con la esperanza del Cielo, y a eso se le llamaba cristiana resignación. ¿Qué nueva religión tenemos ahora, y qué cielo nos ofrecen, para seguir tan resignados, tan escasos de esa fuerza elemental que es la indignación?
A lo mejor no nos importa que se acabe el trabajo porque nunca quisimos un trabajo, sino un salario, y aún parecen quedar posibilidades de que el salario dure aunque desaparezca el trabajo. A lo mejor no nos duele ver que es imposible emprender empresa o proyecto alguno porque nunca tuvimos verdadera intención de emprender nada.
A lo mejor esta ruina general nos viene bien en el fondo porque nos permite echar la culpa a otros de nuestra incapacidad, nuestra falta de iniciativa, y nuestra tendencia a esperar que alguien, en una hornacina de un retablo o en un escaño del Congreso, se ocupe de que no nos falte lo necesario.
Cuando nos sobraban los medios, nos faltaban los fines. Ahora por lo menos no hay medios y no se nos nota tanto lo que somos.
Por eso nos reímos con risa floja. Quizás de alivio.

02 julio 2009

Instrucciones para flotar



Un amable lector me acusaba el otro día, con los mejores modos y la mejor prosa, de seguir escribiendo literatura negra fuera de las novelas. Puede que así sea, y como no hay mejor manera de desmentir una acusación que recaer en el pecado que se señala, les voy a contar mi pronóstico, no sé si a corto o medio plazo, sobre la solución de esta ruina económica que padecemos.
El caso, señores, es que da igual que el gobierno permita desgravar poco o mucho de una vivienda, porque el problema principal es que no hay dinero en el mercado y por tanto ni los bancos lo pueden prestar ni los empresarios lo pueden invertir.
Tanto en España como en el resto de países desarrollados, la quiebra del sistema financiero ha llevado a una terrible falta de liquidez que poco a poco se ahonda con el descenso del consumo y el crecimiento del desempleo.
Cuando la situación se agrave un poco más, y les aseguro que seguiremos viendo datos muy negativos a lo largo de todo este año y seguramente el que viene, los gobiernos se verán abocados a devolver liquidez al mercado, y como el endeudamiento no es posible, porque tampoco hay quien preste, se acabará recurriendo a la imprenta.
A la imprenta se puede recurrir de distintas maneras, en el caso español: esperando a que el Banco Central Europeo decida devaluar el euro, como los ingleses devaluaron ya salvajemente la libra, o como los americanos han devaluado el dólar. Es muy posible que el Banco Central Europeo devalúe el euro entre un veinte y un treinta por ciento para poder inyectar liquidez al mercado y salir del hoyo. ¿Y quién paga las devaluaciones? Nosotros, por supuesto. Cada euro que tengamos en el banco o en el bolsillo valdrá de una noche para otra un veinte o un treinta por ciento menos. La otra posible salida es que los países con datos de déficit más duros y economías más golpeadas, como España, acaben saliéndose del euro, por su propio pie o de una patada en el culo. Esto, por supuesto, conducirá también a una inmediata devaluación de la nueva peseta, carente del respaldo internacional con el que cuenta el euro.
O sea, y resumiendo, que yo estoy convencido de que va a haber una devaluación. Y contra la devaluación sólo se puede luchar de dos modos: o evitando tener dinero en efectivo, o endeudándose. Y si se pueden combinar las dos, mejor.
El que tenga una cantidad de cierta importancia en la cuenta del banco, lo mejor que puede hacer es invertirlo en lo que sea. Si es en acciones de una empresa eléctrica, como Iberdrola, o REE, la inversión será más o menos segura y puede que hasta rentable. Es un suponer, nada más, y cada cual sabrá, pero si hay una devaluación, el dinero perderá valor, pero no las acciones. Y si luego necesita ese dinero, va vendiendo poco a poco acciones, ganando o perdiendo, para obtener lo que necesite, pero no deje más de cuatro cinco mil euros en efectivo en el banco, o lo lamentará.
Si con el tiempo ven que acierto y han salvado el pellejo por saberlo a tiempo, me deben una botella de vino o un queso, que en Zamora no hay cosa mejor que se pueda pedir, a Dios gracias.
Si no acierto y la economía se recupera, tampoco perderán en las eléctricas.
De nada.