12 marzo 2013

La crisis aún no ha empezado

¿Les gusta el ajedrez? Pues coloquemos las piezas sin más introducciones:

Tenemos en estos momentos una recesión bastante amplia, con la mayor parte de los países desarrollados sufriendo un crecimiento birrioso o directamente negativo.

Tenemos unos niveles salariales bajos, en un intento de competir con las economías emergentes, donde las regulaciones laborales y medioambientales son mucho más relajadas y permiten producir más barato.

Tenemos la energía por las nubes, con un barril de petróleo que costaba 30$ hace seis años y que no baja de los 110$ desde el batacazo de 2008.

Tenemos a Europa ahogada por la deuda, y a Estados Unidos aún más ahogado, aunque con la doble salvedad de que puede imprimir su propia moneda y de que el dólar es la moneda mundial de cambio y comercio, lo que le permite a los EEUU obligar, literalmente, a otros países a comprar su moneda aunque no valga un pimiento.

Con semejante posición sobre el tablero, ¿cómo demonios nos pueden hablar de que vamos a salir de la crisis, cuando de hecho la verdadera crisis ni siquiera ha comenzado?

¿Lo analizamos?

Para salir de la crisis hay que buscar una fortaleza que nos permita generar riqueza y crecimiento y luego, a partir de ahí, arreglar el resto de los frentes.

Como los salarios son bajos y el desempleo parece no encontrar techo, es muy difícil que la generación de riqueza venga de la demanda interna. O dicho de otro modo: que no podemos esperar que la gente gaste más, cuando la gente gana cada vez menos y hay cada vez más gente que no tiene trabajo. Por ahí, mala cosa.

La salida, entonces, son las exportaciones, esas exportaciones de las que habla el Gobierno dando pro sentado, con razón, que no nos enteramos de nada. Pero las exportaciones dependen de que sean los demás los que pueden comprar, ye so tampoco parece estar claro, por varios motivos: porque los países de nuestro entorno tampoco están muy boyantes, porque los precios de la energía hacen que sigamos siendo poco competitivos con Rusía, China, India, etc. y porque los precios de los transportes se llevan cada vez una parte superior de la tajada, acortando los márgenes comerciales. Feo también, o muy escaso.

Otra posibilidad son las nuevas tecnologías, y los nuevos sectores emergentes. Pero resulta que esos sectores necesitan grandes, gigantescas inversiones, y en estos momentos nadie tiene un duro para prestar porque la banca, tanto la nacional como la internacional, está absolutamente ahogada por la deuda. Las inversiones, pro tanto, se posponen, sacando lo que se puede de lo que hay y tratando, los más afortunados, de ir pagando lo que deben sin presentar suspensión de pagos. Eso nos suena a todos, ¿verdad?

Si a eso sumamos los costes energéticos, parece claro que, de momento, no salimos de la crisis en la que estamos.

¿Y por qué digo que la verdadera crisis aún no ha comenzado?

Pues porque lo que vemos es sólo una parte de los problemas subyacentes, que pueden aflorar en cualquier momento. La deuda de los Estados Unidos sigue sin control, y si en un momento dado, por la cuestión del petróleo, el dólar dejara de ser moneda de referencia, la deuda norteamericana sería totalmente impagable. Entonces, con el petróleo por las nubes y los Estados Unidos en suspensión de pagos, veríamos la verdadera crisis.

La distancia que nos separa de ese escenario depende sólo del precio del petróleo y de hasta cuando se pueda mantener la ficción de que Estados Unidos puede pagar su creciente deuda sin una recesión brutal.

Nos aguardan tiempos interesantes, me temo.

1 comentario:

  1. La solución es la que apuntó Paul Kruger: que nos invadan los extraterrestres.

    PD: Hay un par de pro (que no son pro nobis) y un ye so del que no se pone en las paredes.

    Salud.

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