12 enero 2021

Jetzt wissen wir, wer der Boss ist


Zu oft bleiben wir in sinnlosen Diskussionen stecken und legen beiseite, was uns die Fakten tatsächlich lehren. Mit diesen Artikeln möchte ich nicht nur rumhängen, sondern auch versuchen, außerhalb des Offensichtlichen zu denken, auf die Gefahr hin, in die Schluchten der Extravaganten zu fallen. Was können wir tun!

Die Fakten sind einfach: Donald Trump hat seinen Twitter-Account und viele andere soziale Netzwerke gekündigt. OK.

Wir als wahre Idioten argumentieren (und ich der erste), ob dies ein Angriff auf die Meinungsfreiheit ist oder ob es legitim ist, diejenigen zum Schweigen zu bringen, die Gewalt anstacheln, oder wir interpretieren, dass sie Gewalt anstacheln. Kann oder sollte ein Faschist zum Schweigen gebracht werden? Ich habe das hier und anderswo gelesen. Eine nette Debatte, meine Güte, mit viel Ethik, vielen Leidenschaften und viel erhobener Nase, die moralische Überlegenheit oder die Verteidigung der Grundrechte verkauft.

Schön. Dynamisch. Beschwingt. Grundsätzlich dumm.

Was wir einfach gesehen haben, ist, wer der Boss ist. Und darüber sollten wir nachdenken.

Mal sehen, Freunde, ich weiß nicht, was das wichtigste soziale Netzwerk in Russland ist. Aber glaubt jemand, dass es Putins Konto kündigen würde? Nicht lustig, oder? Denn was auch immer der Grund dafür war, es würde einen solchen Kick bekommen, dass keine Raumsonde nötig wäre, um Jupiters Atmosphäre zu beschreiben. Der CEO dieses sozialen Netzwerks würde es uns direkt mitteilen.

Ich weiß auch nicht, welches soziale Netzwerk in China am häufigsten genutzt wird, aber nein, er wird Xi Jinpings Konto nicht kündigen, was auch immer er tut, was immer er sagt oder selbst wenn er seinen Lieblingshund zum Mittagessen isst. Xi Jinping erhält nicht einmal ein Abonnement für Bild, auch wenn er seit zehn Jahren nicht mehr bezahlt hat.

Warum wurden Trumps Social-Media-Konten gekündigt? Wegen dem, was er getan oder gesagt hat? Sind wir so kindisch? Sie haben es getan, um zu zeigen, wer der Boss ist, und sie haben gezeigt, wer der Boss ist. Große Unternehmen herrschen. Die großen Unternehmen herrschen weit über jeder politischen Macht. Hier befiehlt die DAX und dort vier CEOs von vier Technologieunternehmen, und sie haben es als Warnung kristallklar gemacht. Das ist der Grund. Deshalb jetzt.

Es geht nicht darum, wer Recht hat, sondern wer wen zum Schweigen bringen kann. Das bestimmt die Kraft.

Und jetzt wissen wir, wer der Boss ist.

Und glaubst du wirklich, dass sie uns gehören? Herzlichen Glückwunsch zur Unschuld, meine Güte.

15 diciembre 2020

Es imposible que la vacuna falle (un razonamiento cínico)

 

En breve comenzarán las vacunaciones contra el COVID19, y mientras el debate se centra en la seguridad de la vacuna, o en si es mejor que se la pongan antes los políticos que los ciudadanos, lo cierto es que, con un poco de lógica, se puede llegar a la conclusión de que la vacuna va a a funcionar necesariamente, al menos durante un tiempo.

¿Y por qué afirmo algo así? Porque una vez que se haya vacunado a una parte importante de la población, ya no se podrán seguir haciendo PCR ni test de antígenos masivamente. Una vez que se haya empleado la vacuna hay que reducir el número de pruebas, y al reducirse la pruebas se reduce también el número de infectados.

¿Os dais cuenta de que los vacunados darían positivo, no? Un vacunado tiene en su organismo las trazas del virus y tendrá también anticuerpos (con suerte) Un vacunado es un positivo de libro.

Pues esa es la clave. Si los vacunados dan positivo, hay que dejar de hacer pruebas y se reduce, por narices, el número de casos detectados, que es lo que sale en las noticias y lo que preocupa a la gente. Además, un vacunado sigue dando positivo bastante tiempo, así que sólo hay dos opciones: o se pone realmente enfermo, o está sano y vacunado. Se habrá acabado con ese extraño limbo sanitario de los asintomáticos, porque hay enfermos asintomáticos, sí, pero no va a haber vacunados infectantes y asintomáticos, porque esos no son tan fáciles de detectar.

¿Cómo se detecta a un vacunado contagioso, amigos? ¿Qué ocurre con ese grupo de gente que se ha puesto la vacuna, no enferma, pero contagia a los que aún están sin vacunar?

Pues ya os lo digo yo. Esa gente no existe. Y se acabó. La vacuna funciona siempre, porque ese grupo no existe.

Igual que no van a existir todos los casos que dejen de detectarse al reducirse el número de pruebas.

Por eso va a funcionar la vacuna: porque sólo con reducir el número de test, ya soluciona bastantes problemas. Problemas estadísticos, sobre todo, pero menos da una piedra...

07 octubre 2020

El decrecimiento era esto

 


Llevamos años hablando de la necesidad del decrecimiento y de su llegada inevitable. De hecho, hay mucha gente que lleva años repitiendo que es la única salida y que lo único que hay que decidir es cómo queremos plantearlo, porque su llegada será inevitable.

Pues bueno: aquí está. El decrecimiento es esto.

 Decrecer es producir menos, trabajar menos y consumir menos de todo.

Decrecimiento es también vivir menos, elegir a quién se dedican los recursos, a quién se admite en el hospital y a quién se dedican las dosis de medicamentos escasos.

Decrecimiento es plantear el dilema de a qué círculo llega nuestra solidaridad: a nuestra familia, a nuestro pueblo, nuestra región, nuestro Estado, nuestra unión supranacional o a la Humanidad en general. ¿O también a otras especies otorgando derechos a los animales?

El decrecimiento es conflicto. El decrecimiento es riesgo. La mezcla de conflicto y riesgo es altamente explosiva.

El decrecimiento es elegir, y saber que lo haces, entre morir, con una probabilidad del 2% o “no vivir”, con una probabilidad del 98%. De ahí, de ese corrupto dilema, proceden la crispación actual entre quienes exigen que se tomen todas las precauciones y los que prefieren seguir con su vida, asumiendo riesgos y obligando a los demás a asumirlos. Ninguno quiere que sea el otro el que imponga el nivel de riesgo al que hay que mantener la existencia. No hay conflicto más difícil de resolver.

El decrecimiento es aceptar peores condiciones laborales. Aceptar que los que están lejos no podrán acercarse. Aceptar que no podrás ver a los seres queridos, y quizás tendrás que resignarte a saber que han muerto por una carta, un aviso telefónico o un mensaje de texto.

El decrecimiento es dejar, a menudo, el poder en manos de los miedosos, de los cobardes, de  los inactivos, de los que no quieren o no saben emprender, acercando a nuestras vidas la dictadura de la vieja del visillo.

El decrecimiento es relajar la ley pero intensificar el uso de la fuerza.

El decrecimiento es reducir la complejidad pero aumentar el control, reducir la libertad para coordinar en lo posible la administración e lo que va quedando.

El decrecimiento es feudalismo: pequeños señores locales que no temen a instancias superiores, imponiendo su ley sobre súbditos a los que llaman ciudadanos, sobre siervos a los que llaman compañeros, mientras fortifican su castillo y exigen a mano armada el fruto del trabajo de los demás para, dicen, repartirlo mejor.

El decrecimiento es el poder, cualquier poder, poniendo trabas para mejor reservarse la parte de los recursos escasos que los poderosos desean para su uso exclusivo. Ya no hay para todos, amigos, y hay que reducir. Pero vais a reducir vosotros. Eso es decrecimiento.

El decrecimiento es resignación.

El decrecimiento es miedo.

El decrecimiento es sospechar que sobran tres mil millones de seres humanos y preguntarse a cada paso si te va a tocar a ti formar parte del cupo de los sobrantes.

¿Hay más opciones? Claro que sí. Y puede que alguna llegue a convertirse en realidad, pero no sin antes pasar por todos los significados de decrecimiento que he enumerado y otros que me dejo en el tintero.

El decrecimiento puede ser solidaridad, ¿Pero cómo es que no hemos sido solidarios en la abundancia y lo vamos a ser en la escasez? ¿De dónde procede semejante lógica?

El decrecimiento puede ser una enorme mejora medioambiental. Y tanto. No hay más que medir las emisiones de CO2 de los cementerios.

El decrecimiento puede estar lleno de oportunidades. Seguro, ¿pero para ti? ¿De verdad que el decrecimiento va a mejorar la vida del 75% inferior de la población? ¿Con qué base se podría afirmar tal cosa?

El decrecimiento puede representar un avance contra la desigualdad. Igualar por abajo nunca fue difícil.

Y sin embargo, amigos, el decrecimiento está aquí y no hay modo de soslayarlo o aplazarlo. Vamos a decrecer. Estamos decreciendo. Del nuevo equilibrio que se alcance dependerán los años que nos quedan y el futuro de los que vienen tras nosotros. No soy catastrofista por mucho que mi artículo suene negativo: creo que ese equilibrio es posible, y tiene que serlo porque no hay más remedio.

Pero nadie en sus cabales puede desear el decrecimiento. Nadie en sus cabales se va a conformar ahora con un “ya os lo habíamos dicho”.

 

Javier Pérez

02 enero 2020

Ihre Nachbarn werden sich nicht mit ICH BEREITS GESAGT zufrieden geben

Vor kurzem habe ich einen Roman über die dreißiger Jahre mit dem Titel "Schwarze Violine im roten Orchester" veröffentlicht. Die Auseinandersetzung dreht sich um die große Säuberung Stalins von 1937 und wie sie aus Stalins Befürchtung hervorging, dass seine eigene Armee einen Putsch gegen ihn organisierte. Das waren die Tatsachen, die mit Spionage, politischer Konfrontation und schwarzem Roman bekleidet waren, aber die zentrale Idee bestand darin, die Angst als Agent zu analysieren. Etwas sehr Aktuelles, fürchte ich.
Fear ist eine Art außer Kontrolle geratener Tiger, sehr schwer zu reiten. Wenn die Angst entfesselt ist, kann sich nicht einmal derjenige, der sie entfesselt, von seinem Schlag frei fühlen, denn derjenige, der Angst hat, fürchtet sich abwechselnd, was dazu führt, dass eine schwierige Spirale zum Stillstand kommt.
Und heute leben wir in Angst. Es mag noch keine Angst mit all den Buchstaben sein, klar und knackig wie die Messerklinge, mit der sie dich in einer dunklen Straße bedrohen, aber es gibt Angst. Es besteht die Angst, nach der Arbeitssuche in Armut zu bleiben. Es besteht die Befürchtung, dass der Aufwand in keiner Weise belohnt wird. Es besteht die Befürchtung, dass die Zukunft zunehmend grau oder kälter oder weniger ruhig wird.
Einige von uns bemühen sich, die Ursachen des Problems zu identifizieren, und wir treffen uns mit mehr oder weniger Erfolg an Orten wie diesen, um zu diskutieren, ob Energie, Schulden, Überbevölkerung oder Wassermanagement dahinter stehen Gefühl des Unbehagens. Die Mehrheit, vielleicht mit größerem Pragmatismus, macht sich jedoch keine Gedanken darüber, was sie für unkontrolliert hält, und sorgt für eine gesunde psychologische Hygiene, die jedes Problem leugnet oder die Situation für einen weiteren Zyklus derjenigen ihres Lebens verantwortlich macht.
Und so sehr wir uns auch bemühen, über erneuerbare Energien, Basisgemeinschaften, Permakultur und nachhaltige Landwirtschaft zu sprechen, bleiben alle diese Alternativen zum System bestehen und werden eine Minderheit bleiben, wahrscheinlich bis zu zwei Minuten vor dem Zusammenbruch oder wahrscheinlicher bis zu zehn Tage später .
Der Punkt ist, dass jeder, der sich über Ölspitzen, Ressourcenknappheit und Wasserprobleme lustig macht, dort bleiben wird, wenn die Zeit des Herbstes kommt. Das Problem ist, dass alle Technooptimismen, Füllhörner, diejenigen, die glauben, dass etwas erfunden wird oder dass es für unbegrenzte Zeit Ressourcen für alle gibt, auch dort bleiben. Ihr Fehler wird sie nicht auflösen. Ihre Verantwortungslosigkeit wird sie nicht mit Null multiplizieren: Sie bleiben dort und behalten ihre Mehrheit.
Und wenn der große Hit kommt, werden sie sich nicht mit einem "Ich habe es dir schon gesagt" zufrieden geben. Diejenigen, die über diejenigen lachten, die die wirkliche Situation erklärten, die sich über alle Warnungen lustig machten, werden nicht mit den Schultern zucken und einfach verschwinden: Sie werden die Angst verbreiten, einen Schuldigen suchen und weit oben reagieren , des Notwendigen und Zumutbaren. Und wisst ihr warum? Weil sie keine Ahnung haben, was passiert ist, werden sie nicht bereit sein, anzunehmen, was ihnen in den Sinn kommt, und werden in keiner Weise bereit sein, anzuerkennen, dass sie sich geirrt haben. Bestenfalls werden sie sagen, dass eine böse Gruppe alles in einer dunklen gotischen Halle geplant hat, denn es ist besser zu glauben, dass sich jemand an der Steuerung befindet, als zu vermuten, dass das Flugzeug keinen Piloten hat.
Und selbst wenn sie bereit wären, ihren Fehler anzunehmen, was würde es tun? Ich denke, was den Kern der Sache am besten illustriert, ist die Antwort eines Freundes, der versucht hat, ihm über die Energiesituation zu erzählen: „Wenn noch etwas übrig ist, muss man es genießen, und wenn nichts mehr übrig ist, muss man kämpfen, um zu überleben. wie die anderen, wie diejenigen, die es vorzogen, die letzten Krümel aufzugeben. “ Und in seiner einfachen und kurzfristigen Vision hatte er recht.

Sich dessen bewusst zu sein, was passiert, wird Stiche nicht loswerden, an dem Tag, an dem alles zur Hölle geht. Die Kenntnis des ökologischen Landbaus befreit Sie nicht von Plünderern, wenn der Hunger kommt. Ihr Nachbar, derjenige, der sich jetzt von Ihrem Kiefer löst, wenn Sie ihm sagen, dass die Dinge sehr schlecht laufen, wird sich nicht mit einem "Ich habe es Ihnen gesagt" zufrieden geben und mit anderen Energumnos wie ihm bewaffnet an Ihre Tür kommen , um zu nehmen, was in Ihrem Haus gelassen werden kann. Und an diesem Tag, genau wie heute, helfen Ihnen Ihre Gründe nicht weiter. Das Einzige, was Sie an diesem Tag befreien wird, ist, sich mit anderen, ebenfalls bewaffneten Energumnos anzufreunden, die ihre eigene Sprache sprechen und sie mit Schüssen oder Kanonenschüssen auf die Flucht schlagen.
Wenn es fünf Kartoffeln und dreißig Münder gibt, ist der erste, der übrig bleibt, der mit der glücklichen Idee, zu sagen, dass hier niemand mehr übrig ist. Wenn sich Kulturen gegenüberstehen, um eine Lebensweise aufzuzwingen, wird die erste übrig bleiben, die besagt, dass alle Kulturen gleichwertig sind. Wenn die Zeit des Misstrauens und des Opfers kommt und starke lokale Gemeinschaften gebraucht werden, wird als erstes der Kosmopolit übrig bleiben, weil starke lokale Gemeinschaften mit starken sozialen Bindungen, die wir sowohl loben als auch als Lösung vorschlagen, nicht einmal offen sind Weder kosmopolitisch. Wenn die Zeit kommt, sich daran zu erinnern, wie es sich summiert und wie es subtrahiert, werden diejenigen, die jetzt alles durchgehen und sich über das Problem lustig machen, tausend gegen eins bleiben.
Sie werden sich wie bisher zu ihrem eigenen Vorteil umsehen und weiterhin akzeptieren, dass es möglicherweise mehr Gründe als ihre gibt.
Der Tag der großen Debatte, an dem die Realität daherkommt, wer Recht hatte, wird Ihnen wie heute passieren: So wie sie sich über Ihre Gründe lustig machen, weil Sie in der Minderheit sind, werden sie sich über Ihre Rechte lustig machen, wenn Sie sie nicht effektiv verteidigen können. Es wird so sein wie in meinem Roman: Furcht wird jeder Überlegung auferlegt, und einige zum Überleben und andere zum Vergnügen werden das Gesetz auferlegen: „Es ist mir egal, was du gesagt hast. Heute haben sich die Regeln geändert. “ Und es wird wieder die große Säuberung sein.
Die Unschuldigen, die Naiven und die Verblödete.

Original auf Spanisch

06 noviembre 2019

A los que lavan la tapa del yogurt

Me gustaría dedicarles un poema, pero sólo puedo dedicaros un artículo.

Os adoro, buenos chicos, que laváis la tapa del yogurt y laváis el envase del yogurt para reciclarlo con los envases.Sois el futuro de la Tierra. Sois la conciencia de nuestra especie, tan pulcros, tan monos, tan responsables, tan adorables, en suma.

Sois gente sana que quiere una vida sana y que defiende un planeta sano, con sitio para todos y un futuro sostenible. Mola.

Pero muchos de vosotros, y de los que no somos tan responsables, pertenecemos también al grupo de los que en el mercado miran las fechas de caducidad. Hoy es 6 de noviembre. Vamos al refrigerador de los yogures, y si los que íbamos a echar a nuestra cesta caducan el día 11, echamos un nuevo vistazo para coger los que caducan el día 20. Es normal. Es natural. No hay por qué correr riesgos, ¿verdad? Bien hecho. Al final va a nuestra cesta el pack de seis unidades que caduca el día 20. Nos comemos en total 750 gramos de yogurt, y tiramos seis envases plástico, puede que envueltos en papel, y seis tapas, puede que de plástico o de aluminio. Pero bien lavadas y separadas.

Dejando a un lado ese salvaje despilfarro, y la probabilidad, alta de que esos seis yogures hayan viajado más de 500 Km en motores de combustión desde la fábrica hasta nuestra casa, ¿Se os ha ocurrido pensar qué va a a pasar con los yogures que caducaban el día 11 y no cogimos?

Os lo cuento, porque lo sé. Todos eso yogures, regresan al centro de logística del supermercado. Y son, en una provincia, más de treinta mil. Y hablo de un provincia pequeñita y no de la principal cadena de distribución. Y vienen llenos, amigos, con el yogurt dentro.

¿Y pensaís que se abren, uno a uno, se guarda en algún lugar el contenido, se lava la tapa, se lava el envase y se arroja este luego al contenedor amarillo?

¿Qué suponéis que ocurre con los yogures caducados?
Se aplastan, se estripan es un lugar con un gran desagua, el yogurt va con las aguas residuales y los envases se quedan, destripados, convertidos en un amasijo repugnante que se tira a un contenedor de residuos que nadie separa ni recicla.

¿No se os había ocurrido? Pues qué pena.

Las fechas de caducidad exageradamente estrictas generan más residuos imposibles de reciclar que que algunos países pequeños.

Porque he hablado sólo de los yogures. Sólo en una provincia pequeña. Sólo en una cadena de supermercados menor.

A ver si alguien se atreve a calcular un día las cifras reales y, sobre todo, a hablar de ello.

Vais a alucinar...

17 diciembre 2018

Leon-Madrid en coche eléctrico

Parece una conjura, pero no...
Ya me voy cansando de ejemplos ficticios y traídos por los pelos, así que voy a probar con uno un poco más realista.:

Tienes un coche eléctrico, y por razones de trabajo tienes que ir a Madrid, desde León, para volver en el día. Trabajas pro al mañana, tienes una comida de trabajo, otra reunión a eso de las seis, y no sabes cuándo vas a terminar, pero rezas para que la cosa nos e prolongue y a las nueve puedas estar volviendo. O a las diez como mucho, para llegar a casa a la una y pico.

No es ciencia ficción.

Pues resulta que miras la distancia y tienes 345 Km. ¿Cómo hacemos?  El fabricante de nuestro carísimo coche eléctrico dice que la autonomía puede ser de 350 Km, o de 400 incluso, pero resulta que de León a Madrid pueden surgir unas cuantas vicistudes... ¿Vamos de una tirada? ¿o no paramos a medio camino? ¿Y en ese caso, dónde? Propongo Tordesillas.

¿Y por qué Tordesillas? Porque si teno suerte y encuentro cargador, tardaré media hora en recargar, y si no lo encuentro, aún tengo autonomía para intentarlo un poco más  adelante.

Llego a Tordesillas y no hay nadie. Genial. Y si llego y están ya pcupadas las dios plazas de recarga eléctrica rápida? ¿Qué hago? ¿Espero media hora y otra media hora de recarga que necesitará mi coche o me voy a otro lado?

Mientras sólo hay un puñado de electricos, los puntos de recargar pùeden estar libres... Pero como se extiendan, no va a ser así. No: por mucho que también aumenten los puntos de recarga, no va a ser así. Ya lo explico otro día.

Paro en Tordesillas. Bien. media hora de recarga. Llego a Madrid. Cuatro horas largas de viaje. Cinco si tengo mala suerte con la recarga.

Y lo mismo de viaje de vuelta, ¿no? No , que en el viaje de vuelta hay menos estaciones de servicio abiertas...  Así que a mirar en la aplicación, desviarme hasta Medina del Campo... y que haya suerte.... ¡qué estrés! Con un coche que me costó 30.000€

¿Quien decía que vendía Opel Corsa?

17 septiembre 2016

La otra verdad sobre las minas



            En los últimos años la minería se está viendo asaltada por multitud de problemas, desde los medioambientales a los económicos, pasando por la competencia exterior, pero hay uno, y muy grave, en el que  creo que no se pone la atención suficiente: el problema de imagen.

            Para la sociedad de a pie, los mineros son unos tipos que se dedican a una actividad contaminante, ganan cuatro mil Euros al mes, y se prejubilan a los cuarenta años con tres mil euros vitalicios de paga. Pero la realidad es bastante diferente.  La visión de la sociedad sobre la minería está compuesta por un conjunto de tópicos y prejuicios que se han ido formando con el tiempo, muchas veces de manera interesada. Permitidme que les dé un repaso, sin pretenderme dueño de la razón, pero con argumentos más sólidos que simples habladurías:

            —Hace muchos años, los salarios mineros y sus condiciones de jubilación eran muy superiores a la media, igual que eran superiores a la media el riesgo y la penosidad de su trabajo. Hoy, en cambio, hay mineros que bajan al pozo por mil o mil doscientos euros al mes, y se prejubilan, si pueden, con ochocientos euros escasos. Las cosas han cambiado a mal para todos, salvo algunas excepciones de todos conocidas. Y entre las excepciones no se cuentan los mineros.

            —Parece una tontería, pero a la gente se le olvida, así que hay que repetirlo: sacar carbón no contamina. Lo que contamina es quemarlo. Y el caso es que en España hemos decidido dejar de sacar carbón, pero no hemos decidido dejar de quemarlo, porque las térmicas siguen abiertas y seguirán durante unas cuantas décadas. O sea que menos cuentos medioambientales con eso, porque los que piden, apoyan o toleran el cierre de nuestra minería, no ponen el mismo empeño en que se reduzcan las emisiones o en que se deje de quemar carbón extranjero.

            —Hablando de emisiones, el CIUDEN tiene unos magníficos laboratorios y varios proyectos en marcha para estudiar los modos de reducir la contaminación. ¿Primero nos gastamos el dinero en I+D y luego nos llevamos la actividad a otro lado, con carbón foráneo? Si aquí tenemos el CIUDEN, trabajemos aquí, con el carbón de aquí, a ver si la investigación produce resultados que todos podamos aprovechar. Nuestra I+D es el carbón, que lo tenemos, o el plástico para invernaderos, que también tenemos, y no el chip de silicio, que lo fabrican los coreanos.

            —La pelea entre Gobierno, eléctricas y mineros, tiene poco que ver con la rentabilidad económica de la minería. Las eléctricas tienen que acometer grandes inversiones para cumplir los nuevos límites de contaminación, y pretenden que el Estado, o sea todos, cubra todo o parte de ese desembolso. ¿Y cómo presionan las eléctricas? Trayendo carbón de importación, aunque sea a un precio igual o a veces superior al local, de modo que el problema se amplíe y entren en escena más sectores. Así es como en algunos sitios queman coque, el carbón más pobre y más contaminante, mientras dicen que el nuestro es sucio.

            —Y fuera de razonamientos económicos y medioambientales, las minas son un poco como el ejército. ¿Por qué se gasta tanto en Defensa si no hay guerra? Pues para que no la haya, precisamente, y porque si no tienes ejército, las pérdidas que sufres el día que lo necesitas son insoportables. Con las minas pasa igual. Cerrar la minería porque no es rentable nos deja en manos de los proveedores exteriores, y si un día hay un jaleo en Argelia (cosa no del todo improbable), o una crisis internacional que dificulte nuestro acceso a los mercados, necesitaremos una fuente de energía propia, estratégica, que nos libre de la catástrofe. Dejar que se pierdan nuestras fuentes de energía es tan suicida como mandar a todos los militares a casa y confiar en que nunca va a haber necesidad de unas fuerzas armadas.  Ojalá no necesitemos nunca las menos rentables de nuestras minas, pero como las necesitemos y las hayamos dejado perder, vamos de cabeza.

            —Por último, un razonamiento menos lógico y más conspirativo. Los mineros, históricamente, han sido uno de los grupos que con más fuerza, cohesión y energía han luchado por los derechos de los trabajadores. Los suyos, y los de los demás. ¿Qué tiene de raro, entonces, que en una época de crisis y recortes, se pretenda desactivar este foco de resistencia a nuevos ataques contra los trabajadores? Es duro decirlo, pero creo que cuantos menos mineros haya y más débil sea la minería, mejor duermen los apoltronados. Y se nota, si uno se fija de dónde vienen los ataques. Se nota.

            Por todo esto, y pase lo que pase al fin con la minería, creo que nos conviene a todos defender el sector. Por planificación, por lógica, por memoria de lo que el sector minero luchó por los demás, y por evitar que una losa, una más, caiga sobre nuestra ya muy maltratada tierra.

            O eso, o nos convierten en un parque temático, o en una reserva india.

Javier Pérez

03 abril 2016

La goma delante del lápiz

Errar es humano, nadie lo duda, pero cuando llevamos la goma por delante del lápiz, está claro que nos pasamos.

Eso es justamente lo que sucede cada vez que evitamos plantear un problema por el solo hecho de que sacarlo a la luz nos genere problemas. No se trata sólo del imperio de lo políticamente correcto, sino de una especie de rechazo al debate que encuentro cada días con más frecuencia.

Hasta hace poco pensaba que era cosa de mi entorno, peor de un tiempo a esta parte, frecuentando otros ambientes y observando otros grupos, me doy cuenta de que la actitud se ha generalizado: ¿No os ocurre también a vosotros que cada días más conversaciones acaban en comentar qué serie estás viendo, por qué temporada vas, o cualquier chorrada de vídeo que alguien colgó en Facebook?

¿De veras vamos tan escasos de problemas como para sustraer el debate y el intercambio de ideas de nuestra vida diaria?

Lo que sucede, pienso yo, es que debatir supone confrontar ideas y que una gran parte de la gente que nos rodea, e incluso nosotros mismos a veces, damos por sentado que ya está todo hablado, que está todo dicho, y no vale la pena arriesgarse a que surja un pequeño conflicto cuando lo que de veras nos apetece es un rato de vacío, de jacuzzi mental y de todo va bien, pase lo que pase.

Y así, callamos con las personas conocidas lo que luego gritamos en ambientes de anonimato. Y así rechazamos saber lo que el otro piensa, o decir lo que nosotros pensamos, en un ejercicio de autocensura que alcanzaba primero a temas delicados y que hoy alcanza a cualquier cosa, a fuerza de convertir cualquier tema en algo de lo que no se debe hablar. No se debe hablar de política, no se debe hablar de religión, no se debe hablar de dinero, no se debe hablar de relaciones de pareja, no se debe hablar de trabajo... ¿De qué se debe hablar? Fundamentalmente de tonterías que no afecten a nadie.

Esa es la goma por delante del lápiz.

Esa es el síndrome que nos convierte en anuncios, en transmisores de chorradas virales y en pancartas humanas para el último producto de otro.

El ágora se convirtió en centro comercial. Triste historia.

01 diciembre 2015

Ciencia Fricción

El hecho es que se bajaron de un platillo volante y me dieron por el culo.
Yo no sé si se trataba de un ritual de bienvenida, de una extracción de ADN para sus experimentos científicos o de un saludo protocolario; y me la suda: todos estos amigos del forastero, del intercambio de culturas y del contacto entre civilizaciones, tenían que verse como yo, de bruces contra el capó de un coche, con los pantalones bajados y un hombrecillo verde empeñado en limarles el ano.
Y paso de implicaciones: si los extraterrestres son una banda de maricas, me la trae floja. Ellos, sus costumbres y la madre que los parió. Y ni homofobia ni hostias: mi culo no es una opción.
Lo único que sé es que iba yo tranquilamente por la comarcal 420, cuando a lo lejos vi una luz extraña, asomando por el horizonte. Era una especie de globo, algo luminoso que parecía suspendido en el aire, como un aerostato fluorescente.
Pensé entonces en esos programas televisivos que hablan de abducciones, de extraños cambios posicionales en la carretera, de encuentros en la tercera fase en los que el protagonista se convertía en un personaje admirado por la Humanidad entera. No sé lo que pensé, pero cuando estaba a punto de meterme un estacazo por mirar al objeto en cuestión, el platillo, el globo o lo que fuera aquella mierda, avanzó y se detuvo sobre mi coche, a cosa de unos diez o veinte metros por encima del suelo.
Con la mandíbula a medio desencajar por la sorpresa, eché el freno de mano, pensando en las letras que me quedaban por pagar si me abducían y bajé del coche.
El objeto cambió entonces de color, pasando primero de su tonalidad amarillenta a un verde intenso, y luego a un rojo sangre más intenso todavía. Debí sospechar sus intenciones cuando vi las luces rojas, pero no se me pasó por la cabeza.
En cuanto me lo quedé mirando, el platillo descendió, me enfocó con una luz como de cine, y mantuvo el enfoque mientras continuaba su descenso. No sé si tardo un minuto o sólo cuarenta segundos, pero no fue mucho tiempo.

Luego, se abrió una compuerta y por una escalerilla extensible que salió de ella se bajaron dos tipos larguiruchos, con pinta de salchicha recocida y color de salchicha recocida y textura de salchicha recocida. Uno de ellos levantó la mano y el otro inclinó la cabeza.
Recuerdo que traté de decir algo, pero cada vez que hablaba, el platillo, la nave, o lo que fuera aquello, tapaba mi voz con un chirrido.
A partir de ahí, sólo recuerdo que el que me extendió la mano me agarró mientras el otro me bajaba los pantalones.
Me dieron por culo en riguroso turno, se subieron al platillo y se marcharon. Eso fue todo. Le juro que eso fue todo.
Y aunque me interroguen cuarenta veces, es todo lo que puedo decirles. Eso, y que la ciencia a la que ustedes sirven, me la suda, me la trae floja, pendulona y oscilante.
Bájense los pantalones y hablamos de ciencia un rato.

Javier Pérez

24 noviembre 2015

Momentos para gastar, momentos para ahorrar


Está claro: gastar cuando no se debe significa dejar de gastar, también cuando no se debe. Ahora sería el momento de aumentar el gasto, pero resulta que no tenemos con qué. ¿Y qué hacemos? ¿Apuntarnos a los minicréditos sin nómina?

Sigo bastantes debates en los que se discute si la austeridad va a sacarnos de la crisis, y lo cierto es que creo que la contracción del gasto va a empeorar las cosas. El camino es sencillo de entender: si en un momento de escasa demanda el Estado no pone dinero a circular, tanto los negocios como los empresarios verán aún más reducida la demanda, habrá más paro y aún menos recaudación de impuestos, por lo que la recesión se agravará.
Lo que casi nadie hace es analizar la premisa contraria. Si estamos de acuerdo en que recortar gastos agrava la crisis, ¿qué sucede si mantenemos los gastos o los aumentamos?
Pues lo cierto es que parece todavía peor. Si pudiésemos imprimir dinero y devaluar la moneda, sería una salida viable (aunque muy mala), pero como lo cierto es que no podemos hacer tal cosa, la pregunta que hay que plantearse es de dónde sacamos ese dinero para seguir gastando lo que no tenemos.
Hay varias posibilidades:
-Pedir prestado: eso es lo que se ha hecho hasta ahora, pero como la cosa se ha puesto fea, los que tienen el dinero no lo quieren prestar o piden unos intereses apabullantes, que convierten la deuda en una esclavitud. Además, si no les dejamos claro cual va a ser el momento en que se les devolverá el dinero, es normal que no quieran prestar, porque empiezan a vernos como el amigo yonky que siempre pide pero nunca devuelve, porque se mete al cuerpo todo Euro que pilla. Y nos ven así porque eso es exactamente lo que hemos hecho en los buenos tiempos, cuando teníamos pasta.
-Subir los impuestos: esto estaba muy bien cuando los gobiernos mandaban algo, pero como ahora el dinero se puede marchar a otro lado y los gobiernos no pueden salir de sus fronteras, resulta que cualquier subida de impuestos termina en una pedorreta de los ricos desde el otro lado de la frontera. Nos guste o no, es lo que hay: nuestros votos sólo pueden elegir al Gobierno de nuestro país, peor el dinero puede cambiar de país con un click de ordenador. En esas circunstancias, hay que tratar a los billetes como si fuesen aves migratorias. O sea, tocarles poco los huevos…
Obviamente, lo que se tenía que haber hecho era ahorrar en los buenos tiempos y gastar en los malos, pero como se gastó cuando no se tenía que gastar, ahora no hay modo de seguir gastando, y ahora es cuando hace falta. La solución es tragarse la crisis o convencer a los que nos pueden prestar de que tenemos serias intenciones de devolver los préstamos. Por ejemplo, dejando de ser el yonky del que hablaba antes y metiéndonos en algún programa de rehabilitación…
Desde luego, las manifas pidiendo el derecho a seguir gastando lo que no tenemos no van a ayudar gran cosa, me temo…