
Condenar unos hechos también es convertirlos en el centro de la conversación, y del pensamiento. Y yo me niego. Me niego a que nadie me imponga a tiros un minuto de mi agenda. No paso por eso.
Prefiero hablarles hoy de los peces de colores, aunque sean todos pardos, como los gatos de noche, o negros como el ánimo que me embarga.
Prefiero hablar de los gamusinos. Prefiero hablarles de Sansueña. O de cómo diablos hacen las cuentas los que dicen que la abstención puede beneficiar a un partido, perjudicar a otro, o mover unos cuantos escaños en determinada dirección. ¿Qué pasa?, ¿que saben quiénes se quedan en casa y a quienes votarían los que se han ido de fin de semana si hace sol?, Cómo se atreven a pronosticar que tal o cual mayoría dependerá de que se llegue a tal o cual participación?, ¿en qué mecanismo basan una afirmación tan desconcertante y tan sumamente majadera?
No sé, pero empiezo a creer que esto de las encuestas tiene algo de novela fantástica, con magos, hechiceros y nigromantes que ven en una bola de cristal las intenciones de los que se guardan el voto. Y no es de extrañar que las empresas encuestadoras cedan a la tentación de mostrarse como poseedoras de la Fuerza y de la Magia, porque como nadie puede comprobar sus afirmaciones quedan divinamente sin riesgo de que la realidad los desmienta.
Me da que las encuestas se parecen cada día más a las quinielas, donde los comentaristas deportivos hablan y hablan, con razón o sin ella, tratando de presionar al árbitro para pita un penalty, o al entrenador para que alinee a este o a aquel delantero, o a los jugadores para que se porten con mayor entrega.
Me da, me está, dando que las encuestas son cada vez menos una prospección de la realidad y cada vez más un intento de crearla.
Y a veces, también me da, y me da por saco, que las encuestas y sus extrañas suposiciones cuestan sangre.
Pero de eso no hablo hoy.
Hoy mejor los peces. Hoy los gamusinos. Hoy Sansueña.
A la mierda.
Prefiero hablarles hoy de los peces de colores, aunque sean todos pardos, como los gatos de noche, o negros como el ánimo que me embarga.
Prefiero hablar de los gamusinos. Prefiero hablarles de Sansueña. O de cómo diablos hacen las cuentas los que dicen que la abstención puede beneficiar a un partido, perjudicar a otro, o mover unos cuantos escaños en determinada dirección. ¿Qué pasa?, ¿que saben quiénes se quedan en casa y a quienes votarían los que se han ido de fin de semana si hace sol?, Cómo se atreven a pronosticar que tal o cual mayoría dependerá de que se llegue a tal o cual participación?, ¿en qué mecanismo basan una afirmación tan desconcertante y tan sumamente majadera?
No sé, pero empiezo a creer que esto de las encuestas tiene algo de novela fantástica, con magos, hechiceros y nigromantes que ven en una bola de cristal las intenciones de los que se guardan el voto. Y no es de extrañar que las empresas encuestadoras cedan a la tentación de mostrarse como poseedoras de la Fuerza y de la Magia, porque como nadie puede comprobar sus afirmaciones quedan divinamente sin riesgo de que la realidad los desmienta.
Me da que las encuestas se parecen cada día más a las quinielas, donde los comentaristas deportivos hablan y hablan, con razón o sin ella, tratando de presionar al árbitro para pita un penalty, o al entrenador para que alinee a este o a aquel delantero, o a los jugadores para que se porten con mayor entrega.
Me da, me está, dando que las encuestas son cada vez menos una prospección de la realidad y cada vez más un intento de crearla.
Y a veces, también me da, y me da por saco, que las encuestas y sus extrañas suposiciones cuestan sangre.
Pero de eso no hablo hoy.
Hoy mejor los peces. Hoy los gamusinos. Hoy Sansueña.
A la mierda.