
Ahora parece ser que han declarado Barcelona ciudad sin toros, y que el Gobierno, o no sé qué ministra del ramo (o del florero), se ha unido al general despotrique contra todo lo que suene a español para pedir que el toro no se mate en la plaza, sino fuera, lejos de la vista de los pellejos finos y sensibles. Nos lo pintarán de verde si quieren, como los toros de Lorca, pero a mí no hay quien me convenza de que la fiesta no se prohíbe ni por cruel, ni por inhumana, sino por española. Y el Gobierno, que cuando la memoria histórica no tiene que ver con el franquismo no tiene memoria ni historia, se apunta a defender semejante burla porque si no le dejan de salir las cuentas.
Son patéticos.
Al final, al paso que vamos, va a resultar que si matas a tu abuela porque se mea encima y ya no hay quien la aguante de lo que chochea, te sale a defender alguno por aquello de legalizar la eutanasia; si se te ocurre mandar al cubo de la clínica al niño aún no nacido, porque proviene de un polvo mal echado después de cuatro cervezas, también te salen a defender unos cuantos, por aquello de la libertad sexual; e incluso si has matado a veinte con el tiro en la nuca o el coche bomba el gobierno se sienta a negociar contigo y te pregunta si quieres algo, si te dan una provincia o qué se requiere para que te hagas buen chico. ¡Pero coño!, ¡como se te ocurra matar un toro la has liado!
Por lo visto, de lo que se trata aquí es del modo en que entras a matar: si es con la inyección, el escalpelo o el tiro en la nuca, todo va bien, pero como sea con el estoque o el descabello, entonces te convierten en un apestado. Y justo en Barcelona: donde tienen en el gobierno a un tipo, el Carod, que negoció con ETA que mataran a otros en otra parte. Y sale el gobierno a decirnos, encima, que habría que ir pensando en evitar la suerte de matar en las plazas.
Evitarla en las plazas, pero no en las calles, ni en las clínicas.
Evitarla en las plazas, repito, porque dense cuenta de que no se trata de perdonar la vida al toro y mandarlo de vuelta a sus verdes pastos hasta que muera de viejo, sino de matarlo fuera de la vista de todos, en silencio, en una emboscada, a ser posible atontado, enchiquerado y oliendo a cuadra.
Lo que me extraña, viniendo de esta gente es que no propongan caparlo y ponerlo a tirar de un carro en un concurso de bueyes. Sería lo suyo.