22 julio 2008

La ley por el forro



Parece que se está poniendo de moda. La cosa funciona, al menos cuando el objetivo es que te den diez minutos de publicidad que a tarifa te costarían un ojo, o encarecer al otro el pacífico ejercicio de su derecho a opinar. Cada vez vemos más mítines interrumpidos por alborotadores, por gente reivindicando algo, o por simples energúmenos que protestan contra la presencia en la ciudad de este o el otro político.
Estamos sólo al principio, pero ya ha habido varios casos: funcionarios del ministerio de justicia reventando un mitin del PSOE o jóvenes nacionalsocialistas (izquierda nacionalista) intentado agredir a oradores del PP.
Como siempre, hay una ley, pero no se cumple. Hay una ley que castiga muy gravemente la irrupción en un acto político, el desorden público, la algarada y la intimidación, pero es lo mismo. Aquí el salvajismo funciona. Aquí el que da más voces o amenaza con romper la crisma a alguien se hace oír, sin necesidad de presentarse a la selecciones y sin necesidad de más escaño que la impunidad.
Y aunque a menudo parezca lo contrario, les aseguro que no están locos ni son tontos. Por fortuna o por desgracia uno conoce gente de todos los pelajes, y el otro día tuve que escuchar que había que dar caña a los mítines del PP para que los organizadores tuviesen que contratar seguridad y cada acto les costase el doble, o el triple, y los tuviera que suspender en los lugares donde no fuese posible garantizarla. El otro día, a otro más venenoso, le escuché también que había que armar bronca en los mítines de la derecha para que la gente los viese lamentarse de que no les dejaban hablar, porque el que se lamenta, con razón o sin ella, muestra su debilidad ante el que lo abuchea y al final nadie vota a los débiles.
Créanselo. Las intimidaciones están orquestadas. Tienen un plan, una metodología y una intencionalidad clara. La idea es sencilla: el que quiera paz, el que quiera que no le destrocen el local, tiene que saber que hay gente a la que no se puede invitar. Las universidades ya lo han aprendido: si el conferenciante no es del gusto de según qué hordas, se arma la mariomorena, así que a esa gente no se la invita. El primer rector fue Pilatos, ya saben.
En la práctica, como a todo el mundo le gusta la comodidad, pequeños grupos de alborotadores consiguen decidir quién habla y quién no, y cuánto cuesta llamar a uno o a otro.
En la práctica, ya lo verán, se seguirán interrumpiendo a gritos los actos políticos porque este es un país donde la ley sólo protege al que se la pasa por el forro.
Háganme caso: el ya famoso incidente del funcionario haciéndole una felación a un preso no fue una anécdota. Fue una alegoría.

Carcoma en las estrellas



Tranquilos los carpinteros, que no va a ser uno de esos trabajos que se empiezan a los veinte años y se acaban dos días antes de la jubilación, como lijar las vigas de el Escorial, o algo así. Me refiero a las estrellas, veintitantas ya, de la Unión Europea, las que vamos añadiendo poco a poco, como hicieron los norteamericanos con los suyos, lo mismico que si fuesen condecoraciones de guerras que iban ganando.
Las nuestras no son conquistas, sino más bien cesiones, o concesiones, o diluciones de una esencia cada vez más indistinguible del agua y más cercana a la leche deslechada. Ya hay graciosos que vende cartones de leche deslechada, no se crean. Y con el tiempo se forrarán, como los que venden socialismo sin Marx, por ejemplo.
La idea europea se va aguando día a día, y todo estaría bien si fuese en aras de un entendimiento, de un futuro común y de unas normas consensuadas que diésemos todos por buenas como garantía de un juego justo. Pero las estrellas de nuestra unión tienen carcoma. Las estrellas de nuestra unión nacen arratonadas por dentro con todas las injusticias de la Europa de dos categorías, dos velocidades y dos raseros.
La ley que más se aplica en la Unión Europea es la del Embudo. ¿Por qué, si no, se prohíbe a empresas españolas como Abertis o BBV comprar empresas fuera mientras se permite que Enel, la eléctrica italiana de participación estatal, se quede con Endesa?, ¿por qué se permite que EDF entre en negociaciones para romper Iberdrola y venderla a trozos cuando EDF es una empresa estatal francesa?, ¿por qué se permitió que Francia y Alemania incumpliesen los criterios de convergencia económica mientras los demás nos apretábamos el cinturón para conseguir que salieran las cuentas?
No hay un política clara, y la que hay indica que se legislará lo que haga falta para que manden los de siempre a costa de los de toda la vida. No hay proyecto, no hay ideas, no hay voluntad de unirse parea competir, sino de amancebarse para medrar a costa del vecino, convirtiéndolo en colonia económica. Los ingleses exigen un cheque en el que se les devuelva lo que no se les da, para que nadie vea un duro suyo, los franceses se cierran a toda operación exterior y los alemanes construyen con euros el Reich que no consiguieron montar a cañonazos.
Parezca lo que parezca, estamos como siempre. Da igual que nos llamemos socios, vecinos, primos o hermanos. Es la misma canción de la puñalada por la espalda y de lo que vale para mí a ti no se te permite. Es lo mismo de hace cien años, pero sin estadistas que piensen ni siquiera a tres meses vista, porque si no, ¿a quién se le ocurre apoyar la independencia de Kosovo?, ¿qué quieren, que hagamos un país con cada partido judicial?, ¿quieren crear un precedente para perjudicar a naciones con problemas nacionalistas como España, Bélgica o Italia?, ¿quieren que cunda el ejemplo para comerse más tranquilamente a pequeños países indefensos?
Están tontos o son demasiado listos. Ustedes elijan.

Una estrategia mocha


¿Me habré vuelto yo muy desconfiado o es mucha casualidad que el gobierno reedite ahora sus enfrentamientos con la Iglesia?, ¿será que tengo el paladar demasiado fino, o saben a gachas viejas estas trifulcas sobre si los obispos deben hablar, o callar, o si es legítima su opinión sobre temas morales?
Puestos a entrar en el tema, cierto es que estamos en un país laico, donde la Iglesia tiene una función meramente religiosa. Y así debe ser, que ya está bien de caudillos por la Gracia de Dios y alcaldes bendecidos. Pero démosle a cada cual lo suyo y seamos serios: si opinan los cantantes, cuando se supone que lo suyo es cantar, ¿por qué no van a opinar los curas aunque lo suyo sea rezar? Personalmente, y si me ponen en la difícil tesitura de elegir, prefiero a los curas, porque mantienen asilos, escuelas, hospitales y el patrimonio artístico, y además no me cobran un canon cuando voy a comprar agua mineral, por si acaso la bendigo y les causo pérdidas de clientela. No obstante, reconozco que los cantantes, además de cantar, (los que cantan, que esa es otra) tienen todo el derecho del mundo a opinar sobre lo que mejor les parezca. El problema no está nunca en el que habla, sino en el que escucha, y curiosamente se quejan de lo que hablan los curas los que dicen no ser creyentes: una ridiculez semejante a que se quejaran de las declaraciones del presidente del Real Madrid los que no les gusta el fútbol.
Pero no es eso. No se trata de ningún debate sobre la libertad de expresión, ni sobre los límites de la libertad religiosa. Ningún gobierno serio puede pedir que una asociación de ciudadanos, sea del tipo que sea, se vea reducida al silencio y la mordaza.
No es eso.
Se trata, fíjense bien, de intentar identificar a la Iglesia con el PP. Se trata de hacer ver, por camino torcido, que la Iglesia y el PP son los mismos. Se trata de meterlos a todos en el mismo saco ante una hinchada a la que suponen cerril para aprovechar un a menudo justificado anticlericalismo latente y llevarlo a su sardina como ascua de rencor. Se trata de hacer ver a los ciudadanos, a los que toman por lelos, que la alternativa es o ellos o los curas, sin más matiz ni término medio.
Se trata de acusar, de embestir contra un conjunto de gente que suponen adversaria, y embestir contra todos a la vez y sin mirar, que es como mejor se embiste.
A mi gusto, lo que delata semejante argucia es una estrategia mocha, porque si no tienen mejores cuernos que estos, no valen ni para cabestros.

20 julio 2008

Ojalá sigan mintiendo


Ahora que George Bush está pensando ya dónde colocar los muebles en su rancho tejano cuando abandone la casa Blanca, y se preocupa de su legado, de lo que deja, de sus aportaciones a la biblioteca del Congreso, los hospitales construidos y las fundaciones promovidas durante su mandato, ha surgido un grupo de ciudadanos y periodistas que, bajo el nombre un tanto pretencioso de "Integridad Pública", ha recopilado novecientas y pico mentiras que el Presidente dijo para apoyar y promover el inicio de la guerra de Irak.
La listas es larga y dolorosa, y pasa, como saben, por la existencia de armas nucleares, químicas, bacteriológicas y hasta muñecos de Micky Mouse rellenos de esporas de antrax, si se descuidan. No dijeron ni una sola verdad, ni sobre lo que había, ni sobre sus intenciones, ni sobre sus planes para el futuro. Eso está comprobado, creo yo, pero seamos serios: ¿se ha dicho alguna vez la verdad sobre las causas del inicio de una guerra?
Si se pone uno a investigar las cosas con un mínimo de rigor, las dudas acaban por imponerse. ¿Alguien sabe por qué demonios empezó la Primera Guerra Mundial? Les aseguro que por el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo no fue, aunque se diga tal cosa. ¿Y por qué empezó la segunda Guerra Mundial?, ¿porque los nazis invadieron Polonia? Sí, claro: por eso atacaron Polonia los alemanes y los rusos a la vez y Occidente sólo declaró la guerra a Alemania. Por eso, cuando acabó, Rusia había invadido media Europa y no pasó nada. ¿Y la de Cuba?, ¿porque los españoles hundimos no sé qué barco? ¡Venga ya! ¿Y por qué empezó la guerra de Vietnam?, ¿Y la de Yugoslavia?
Siempre ha sido lo mismo: mentiras y más mentiras para ocultar la verdadera naturaleza de las causas, mucho menos confesables de lo que en democracia pueden dar a entender los gobernantes. Y mejor que sea así, háganme caso. Mucho mejor.
Lo malo será el día en que la moral ciudadana esté ya tan corrupta que se pueda decir, impunemente, que se va a la guerra para hacerse con los recursos de un país, o que se va a la guerra para evitar que tal o cual nación compita con nuestros productos. Lo malo será cuando se diga, sin rebozo y sin rubor, que la guerra se empezó para enriquecer a cuatro multinacionales, para reactivar la economía o para mandar al frente a morir a los jóvenes que, en caso contrario, podrían organizar una revolución en el interior.
Mientras los políticos necesiten mentir será porque la sociedad sigue necesitando razones aparentemente éticas para lanzarse a la orgía de destrucción. Y mientras la sociedad necesite buenas razones será porque no se ha entregado aún de corazón a las malas.
Lo terrible, créanme, será el día que para ir a la guerra baste con decir verdades.
Ni en el Infierno han llegado a tanto.

17 julio 2008

Un estacazo de fresa


Pero si lo prefieren los tenemos también de menta, de vainilla y de chocolate. Aquí hacemos lo que sea por complacer al consumidor.
El morrazo que se han metido los mercados financieros estaba ya cantado desde hace algún tiempo, pero por fin ha llegado Perico con las rebajas y el palo lo hemos sentido ya en las costillas y no en la imaginación, como hasta ahora.
Caen las bolsas. Caen los activos. Los pisos tardan el doble o el triple en venderse, y cuando se venden hay que hacer una rebaja de quince o el veinte por ciento para conseguir colocarlos.
Y es normal, oigan. Es normal. Esto no es Jauja. Llevamos años haciendo espiritismo con el dinero, o magia negra. ¿No se lo creen? Piénsenlo un momento: ¿qué es sino magia negra traer consumo del futuro y pagarlo con dinero del futuro?
Cuando se construyen más pisos de los que podemos ocupar y se pagan con préstamos, es eso, exactamente eso lo que estamos haciendo: traer clientes del futuro, que serán los que dentro de unos años ocuparán el piso (pero no hoy) y pagarlo con el dinero que ganaremos más adelante (que no hoy) y que por eso pedimos prestado. Es magia. Es hechicería. Es el experimento del aprendiz de brujo que no sabe lo que cuestan las cosas y que se mete a economista pensando que todo el monte es orégano y que las cosas seguirán siempre como están ahora.
España es un país con una productividad baja, una industria nula, y el único aliciente del sol y playa, cada vez más cutre y cada vez más amparado en que aquí te dejan mear en la calle y emborracharte como un cerdo mientras que si haces lo mismo en Croacia, por ejemplo, te cortan los huevos. Croacia es mucho más barata que España y sus playas son tan buenas como las nuestras, pero nosotros les superamos en turismo porque aquí se pueden romper los retrovisores, vomitar en la calle, o robar una bandera sin que te metan dos años, como a los niñatos aquellos que la armaron en Letonia.
Por mucho que nos duela, nuestra industria es esa: el basurero, el vertedero de residuos humanos, y si no espabilamos y empezamos a fomentar el turismo de calidad, sobre todo el de interior (el nuestro) con unas mínimas normas y una calidad mínima, el batacazo será aún mayor que el que hemos visto.
Porque no nos engañemos: ahora ha caído el mercado financiero, pero lo peor está aún por venir, cuando los miles, millones de extranjeros que han venido al calor del ladrillo se queden sin trabajo. Los extranjeros y los nacionales. Ya verán entonces.
Y entre tanto, baja la venta de coches utilitarios y sube la de vehículos de lujo. ¿Adivinan por qué?
Venga, hagan juego, que este país es un casino.

Que no te compren al portero

Yo no sé si habrá sido buena idea por parte del PP dejar fuera de las listas a Gallardón, pero lo que sí creo es que hubiera sido una idea muy mala incluirlo. Y no por desconfianza neurótica, o por luchas internas, sino porque eso de jugar en un equipo donde el portero tiene una quiniela de trece donde ha puesto perdedor a los propios sólo a falta de un resultado no da buen rollo. Será el más honrado del mundo si quieren, y un profesional como la copa de un pino, pero no da buen rollo.
Para mí la cosa está bien clara: si el PP pierde las elecciones, cosa posible y puede que incluso probable, se verá abocado a un proceso de reestructuración, donde tendrán que elegir a otro líder que dirija la oposición. En esos momentos, por necesidades prácticas, sólo podrá ser líder de la oposición alguien que sea diputado, porque sólo los diputados pueden ir al Congreso a soltar sus discursos y a presentar, por ejemplo, una moción de censura. Sólo los diputados pueden participar en los debates parlamentarios y es impensable un líder de la oposición que hable en un hotel en vez de en las Cortes.
Gallardón quería, a toda costa, ser diputado para poder presentar su candidatura a sucesor de Rajoy en la eventualidad de que el PP perdiese las elecciones. Si no es diputado, aunque pierdan y Rajoy se marche, tendrán que elegir a otro. Y Gallardón, que se huele el panorama, cree que esta va a ser su ocasión de ser califa en vez del califa. Perfecto Izgnoud, el chico.
Pero por esa misma razón, lo adivino, Rajoy no ha querido llevar a Gallardón en sus listas: para que no haya nadie que, siguiendo el símil futbolístico del principio, no meta la pierna como es debido o no se estire lo bastante para parar los tiros del contrario.
Y es normal, oigan: ir a la guerra teniendo como mariscal de campo a alguien que ha invertido en empresas del enemigo huele mal. Y llevar de número dos en las listas a quien espera que te estrelles para ocupar tu lugar es de locos.
Así, con la situación presente, que se va atemperando a medida que pasan los días, el escenario pepista es más cabal. Así, es probable que Rajoy le haya dicho a Gallardón: pelea como un jabato para que ganemos, que si ganamos te hago ministro, y hasta vicepresidente del gobierno si quieres, pero si perdemos te jodes lo mismo que yo.
A mí me parece lo lógico, la verdad, y ojalá se aplicase esta misma malicia gallega en otros temas que nos afectan a todos, como los incendios forestales, por ejemplo, porque cuando perder significa que perdemos todos, entonces y sólo entonces, es cuando la gente de veras el máximo de lo que puede.
Cuando perder significa que pierden los demás y gano uno, entonces hay que temer goles raros, salidas a destiempo y balones entre las piernas. Y si se puede, mejor quitar esos miedos, aunque el portero estrella se cabree.
Mejor curarse en salud. Hizo bien Rajoy en esto. Ahora, que se bregue, que lo tiene crudo.

Este artículo se publicó el 17 de enero de 2008. Las fechas también son contexto. O sobre todo.

El rally París-Sodoma


Nos hundimos
Esto va a ser como el naufragio del Titánic, con banda de música tocando en proa y el capitán saludando en cubierta con lágrimas en los ojos. La suspensión del Dakkar, que parece una simple anécdota, equivale en realidad a entregar África a los terroristas, porque nadie se atreverá ya a organizar nada allí. Ha quedado muy claro quién manda. Nos han medido y han visto queles es posible imponer su voluntad. Nos han medido y han visto que nos pueden.
Somos baratos, amigos. Somos el poder que no ejerce, la fuerza que no se atreve, la riqueza que no se respeta. Somos carne cañón para esa gente. Hamburguesas medio crudas.
Hoy ha sido el Dakkar, y mañana no serán los Juegos Olímpicos porque se organizan en China y allí pueden sufrir un atentado, como en cualquier parte, pero no es imaginable que cedan a un chantaje de este tipo. Hoy ha sido el Dakkar y mañana será el campeonato futbol sala de alevines. Da igual: el caso es demostrar quién manda.
Esta claudicación ante los terroristas, patrocinada por el gobierno francés, puede costar cientos, miles de vidas en salvajadas futuras. Hubiese sido preferible avisar de los riesgos y que corriera el que quisiera. Hubiera sido preferible mandar a los paracaidistas, a la aviación o hasta la tercera acorazada antes que esto.
Todos nos damos cuenta de que este tipo de cesiones espolean los ánimos de los criminales y les hacen ganar fuerza moral ante los suyos. Fuerza moral y fuerza material. Sólo queda, pues, pensar en cual de las dos razones posibles ha inducido a los franceses a cometer este error de bulto que pagaremos todos: o la ceguera, o la cobardía.
La ceguera porque no hace falta saber mucha psicología para darse cuenta de que en la dialéctica terrorista no existe más ley que el amedrentamiento y la imposición de la amenaza como forma de gobierno, y cuando se acepta su mando se queda al albur de imposiciones cada vez más duras, más frecuentes y más canallescas. Si los terroristas ven que su sistema funciona, se crecerán y nos impondrán a todos su ley. Como en Lemóniz.
La cobardía, porque de pronto parece que Sarkozy, con sus mediaciones ante las FARC y sus cesiones a Al Queda parece haber heredado el testigo de Vichy, probablemente la más humillante bajada de pantalones de los tiempos modernos.
Este año las motos, los coches y los camiones no cruzarán el desierto. Mauritania y África entera serán un poco más pobres y estarán un poco más indefensas. Y nosotros tendremos a partir de ahora la cuchilla del matarife un poco más cerca.
El año que viene, a Sodoma.

07 julio 2008

El mortal empate

Viene publicándose estos días una encuesta en la que se afirma que, de celebrarse ahora mismo las elecciones, el Partido Socialista y el Partido Popular quedarían prácticamente empatados. Supongo que esto preocupa a los socialistas y le alegra mucho el cuerpo a los populares, pero a mí, la verdad, me inquieta terriblemente, porque en este país nuestro, tan mordido, partido, cercenado y roído de distintas carcomas, todo lo que sea empate entre los dos partidos principales es caldo gordo y tajada para los nacionalistas. ¿Y a costa de quien? De nosotros, por supuesto, que no tenemos lengua propia con la que impedir que opositen los de fuera ni estatuto que nos permita atraer empresas con vacaciones fiscales.
Fuera de que las encuestas me parecen un cachondeo más cercano a la bola de cristal que a ciencia alguna, y que los espa oles mentimos como verdaderos sarracenos cuando nos preguntan los encuestadores, si de verdad se produjese este resultado cabría desear que, de una vez y para siempre, los dos principales partidos llegasen a algún tipo de acuerdo para evitar que cuatro sablistas periféricos nos conviertan a los demás en súbditos.
En otros sitios se ha hecho. ¿Por qué no aquí?, ¿qué tendría de malo una coalición temporal entre socialistas y populares para ordenar un poco el gallinero y poner las cosas en su sitio?
Yo, desde ya, prometo dar mi voto al primer candidato que jure apoyar la investidura del ganador, de modo que este no tenga que pactar con los nacionalistas. Desde ya mismo, y sin pensármelo, aplaudiré al que reconozca que ha perdido y haga lo posible para que el otro, el que venció, gobierne sin hipotecas, sin chantajes, y sin tener que vender el alma y los esfínteres a los caprichos de los que viven de insultarnos a la vez que nos desangran.
Eso haría, pero no creo que vea tal cosa. La lógica de estos majaderos que tenemos desde hace lustros como estadistas pasa por forzar al otro a tomar decisiones impopulares y hasta da inas para poder echarle luego la culpa. Si nuestros políticos fuesen médicos esconderían las bolsas de sangre para que el paciente del médico rival se muriera y poder señalarlo luego con el dedo.
La lógica de estos zoquetes pasa siempre por el aserto de "cuanto peor, mejor", y así, cuanto peor nos va a nosotros porque el gobierno está formado por incapaces, traidores y vendidos, mejor le va a la oposición. Y cuanto peor nos va a nosotros porque la oposición está compuesta por agachados crónicos, recogedores de jabón y sacristanes recién secularizados, mejor le va al gobierno.
La cuenta está clara: su ganancia está en que el otro pierda, no en que nosotros vivamos mejor. Si alguna vez tenemos algo que agradecer o que celebrar será por casualidad. Será que nuestra alegría fue un daño colateral.
Como los muertos que matan los buenos. Ja.

Por hoyos


Lo de los campos de golf ya empieza a sonar a pitorreo. De pronto, en unos años, si nos fiamos de la cantidad de campos de golf que se están construyendo y de los ríos de tinta que se vierten sobre ellos, parece que el golf es el deporte nacional.
Y no, oigan. Que no, que al golf siguen jugando cuatro amigos, por mucha pasta que se gasten y por muy macanudo que sea tenerlos como clientes. Todavía una estación de esquí se abarrota en invierno, trae dinero, y miles de personas, ¿pero qué comarca se supo nunca que prosperase por la construcción de un campo de golf?
Me temo, con su permiso, que la cosa tiene poco que ver con el deporte, y poco que ver con la economía real, la que nos da de comer a todos. Me temo, si les parece, que los campos de golf se construyen como reclamos para poner alrededor de ellos grandes urbanizaciones de lujo, y que el campo de golf es un pretexto para beneficiar a esas urbanizaciones con servicios que de otro modo no podrían ofrecerse. Uno de los servicios, por supuesto, es la exclusividad, el sabor chic y elitista de un deporte que no es tan caro como otros pero que ha sabido mantenerse en la cumbre de lo que aparenta. Y Ya saben: nadie se arruinó jamás invirtiendo en dar gusto a los que se mueren por aparentar.
De todos modos, y antes de que piensen lo contrario, quiero dejar claro desde ya que estoy a favor de cualquier campo de golf, de badmington y hasta de regatas que se construya en Zamora. Porque nosotros podemos. Porque no tenemos que escurrir el agua en ningún trasvase y de tierras y solares vamos sobrados hasta las cejas. Porque a costa de tener que regar esos dieciocho hoyos lo mismo amplían las acometidas de agua y podemos aprovechar la ocasión para mejorar las infraestructuras. Porque quizás los que quieren tenerlo sepan mover las influencias que no supieron mover los políticos y, de rebote, nos veamos favorecidos todos.
Ya iba siendo hora de que, por una vez, en lugar de pedirnos el agua para hacer campos de golf en otro lado, o personas para poner industrias en otro lado, o sangre para hacer operaciones en otro lado, se decidieran a mover la economía productiva en vez de los recursos.
A ver si el ejemplo cunde y se para de algún modo el crecimiento del hoyo diecinueve, el que nos come, el que nos devora, el que podrán ver ustedes en la estación de autobuses nada más que terminen las vacaciones: la éxodo constante de nuestra gente, especialmente los jóvenes, hacia otros lugares más protegidos por leyes encaminadas a defender lo propio en vez e malvenderlo.
Y es que a veces, parecemos colonias, con esa puñetera costumbre de vender materias primas a tres para comprar a treinta el producto elaborado.
Así que esta vez, que hagan el campo de golf y que sea enhorabuena. Si quieren, hasta les propongo un lema publicitario para promocionarlo cuando lo terminen: "En Zamora, ¡será por hoyos!"
Ríanse, por favor, que estamos a primeros de año.
Foto: hoyo 16 del Universo

27 junio 2008

Desarmados



Cuando un gobierno decide, casi siempre con razón, restringir la posesión de armas por parte de los ciudadanos, se entiende que es porque él mismo se impone la obligación de garantizar su seguridad y el pacífico desarrollo de su vida. Lo malo viene cuando algunos estados prohíben la tenencia de armas y luego miran para otro lado, y de modo activo o pasivo permiten que sean los delincuentes los que impongan su ley. ¿A que les suena?, ¿ a que no les parece que hable de Filipinas o Nueva Zelanda?
A mí también, y la verdad, aunque me duela, es que no es cierto eso de que donde hay armas hay más crímenes. Podemos buscar la prueba más cerca o más lejos, al gusto de cada cual: es indiscutible que en Estados Unidos se permite tener armas y que de vez en cuando las noticias se salpican de matanzas, tiroteos, y asesinatos en masa. Pero no es menos cierto que en Suiza todo el mundo tiene un arma en casa y no por eso vemos que en Berna, Zurich o Ginebra anden a balazos. Y si miramos cerca, nos pasa otro tanto; en la ciudades es muy raro que la gente tenga en casa una escopeta, mientras que en el medio rural es rara la casa donde no hay una o dos, porque haya un cazador en la familia o por herencia no declarada del abuelo. Así es la realidad y no vemos que la gente de los pueblos ande a tiros a diario mientras los de las ciudades jueguen al corro de la patata dándose besos de paz.
Me temo, y mucho, que la violencia no la generan las armas, sino la incultura. Me temo, yo que siempre las vi en casa, que el peligro de las armas no está en su existencia, sino en la educación, el respeto y lo que sean capaces de ense arte los responsables de ellas. Lo malo es que ense ar algo lleva tiempo y da trabajo, y es mejor que se ocupe otro de ello, aunque sea cargándonos de prohibiciones.
¡Y claro que me gustaría más vivir en un mundo donde no fuese necesaria arma alguna!, ¡nos ha jorobado! Pero cuando se suceden acontecimientos como el de José Luis Moreno, y otros que por afectar a personas menos famosas han sido menos sonados, no queda más que pensar que el gobierno nos quiere indefensos para mejor expoliarnos, mejor imponer sin miedo cualquier injusticia y dar más posibilidades de éxito e impunidad a quienes se pasan la ley por el burladero. Porque a lo mejor, si hubiese un millón de ciudadanos con un rifle en casa, el gobierno no se atrevía a hacer ciertas cosas. Ni el ejército. Ni nadie. ¿O por qué se creen que en estados Unidos y en Suiza nunca ha habido golpes de Estado?
Pero aquí el objetivo parece que es desarmar a la sociedad, y en los dos sentidos de la palabra: quitarle las armas y desmontarla hasta convertirla en sus más mínimas e inútiles piezas. El objetivo es que el chorizo pueda seguir matando al joyero, el asaltante al dueño de la casa y el yonki a la abuela. El objetivo es enseñarnos a callar para que cada día las traguemos más gordas.
Y hacen bien, porque para el que calla cualquier injusticia es poca. Al que baja la frente, del cielo le cae el yugo.
Amen.