
Con eso de que cada comunidad tiene su propia sistema de financiación, y que la base del invento está en que unas disfrutan de más derechos que otras, nos hemos encontrado con que nos han cerrado la puerta en las narices, y además justo en el momento en que teníamos la mitad de las narices para un lado y la mitad para el otro.
Antes, daba igual dónde tuviese la sede social una empresa, pues sus impuestos, y el IVA generado pro su actividad, revertía en una caja única y de esa caja, mejor o peor, se repartía para todos. En aquellos tiempos daba igual que el agua fuese nuestra y los tomates los regasen otros, o por dónde pasase el río productor de electricidad, o dónde se colocasen las torres de alta tensión o las centrales térmicas. Era indiferente.
Pero ahora, cada comunidad autónoma se financia con los impuestos que pagan las empresas radicadas en ella y con una parte del IVA que su actividad genera. Y siendo así, por si no habían caído en la cuenta, el hecho de que Iberdrola, por ejemplo, tenga su domicilio en Bilbao, hace que sean los vascos los que puedan exigir el derecho a gastarse en su tierra los impuestos de Iberdrola, sin importar dónde han sido generados sus ingresos.
¿Se dan cuenta? Con este sistema, los que ponemos los medios de producción, los kilómetros de carretera y los saltos de agua, sólo los pagamos, sacándolo de no tener unos sistemas sanitarios de los que otros presumen, y de carecer de ayudas que otros reciben.
Mientras tanto, los duros del Estado, los pocos que van quedando después de que las comunidades "espabiladas" fijasen lo que les toca del pastel en sus respectivas reformas estatutarias, se reparten por personas, mientras que las carreteras se construyen y se pagan por kilómetros. Para las comunidades extensas pero poco pobladas, la consecuencia es impepinable: nos cobran por lo que nos dan, pero no nos pagan por lo que nos toman.
La única salida es la que ya se conoció hace cosa de mil años: cobrar a los que pasan por los caminos, cobrar a los que emplean el agua, cobrar a los que tienden sus cables por nuestra tierra. Peajes, alcabalas y portazgos. Porque, siguiendo el ejemplo, si Iberdrola paga sus impuestos en el País Vasco, ¿qué ganamos nosotros con sus torretas?, ¿qué ganamos con que nos pongan una térmica que anule el valor turístico y ambiental de una comarca entra?
Con el paso de los años, los siglos, y las guerras, se llegó a comprender que era mejor asociarse, pero llegados al punto en el que todo el mundo barre para su casa tratando de expoliar al vecino, hay que buscar un modo de defenderse o resignarse a quedar en cueros.
Así que señores del gobierno, de todos los gobiernos, ustedes que saben el dicho aquel de "que jugamos todos o rompemos la baraja", acuérdense de ese otro dicho que no menciono y hagan algo cuanto antes para que no acabemos tirando la puta al río.