
¿Quién no conoce a una familia que haya tenido un muerto en un accidente de tráfico?, ¿y quién conoce a alguien que haya estado en la cárcel por ser el causante de uno de estos accidentes? Pues ahí estamos.
Hoy mismo se ha comentado el caso de un joven que ha causado su segundo muerto por atropello en cinco años, yendo en ambos casos a velocidad excesiva dentro del casco urbano. ¿Cómo es posible que ese individuo pueda seguir conduciendo?
Y no puede ser: no podemos tener cuatro mil muertos en las carreteras todos los años sin darnos cuenta de que eso es como estar en guerra. No puede ser que la responsabilidad sea solamente monetaria y que pague el seguro, de modo que al culpable no le duela en sus carnes.
El endurecimiento de las sanciones que el Gobierno ha dispuesto puede tener, en el fondo, torcidas intenciones recaudatorias, pero bien está si funciona. Por mi parte, y ya que hablamos de carnes, soy partidario de que las infracciones graves se castiguen con decenas, centenares de fines de semana de trabajos para la comunidad: porque en cuestión de euros cualquiera puede declararse insolvente y no pagar, pero en cuestión de lomo que doblar nadie es insolvente.
Entonces veríamos.